Interesantes Jornadas de Análisis Histórico-Militar de la Batalla del Ebro

 

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Link: http://ecosed.es/pdf/Dossier_batalla_ebro_ecosed.pdf

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Doctores divinos: construcción de la imagen de tres médicos greco-romanos en los diccionarios biográficos islámicos de médicos

Interesante artículo sobre, una vez más, el respeto que tenían los primeros estudiosos musulmanes hacia los conocimientos precios a los suyos, fueran cristianas, judías o de cualquier otra convicción. Respetando su autor, estudiándolas y en todo caso mejorándolas si fuera el caso.

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Al-Qanṭara, Vol 34, No 1 (2013):35-63

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Keren Abbou Hershkovits, Zohar Hadromi-Allouche

 

Resumen

Este artículo analiza la manera en que los autores de tres diccionarios biográficos islámicos medievales retrataron la vida y características de las tres figuras más destacadas de la medicina greco-romana: Asclepio, Hipócrates y Galeno. Se presta especial atención al vocabulario y al estilo empleado en las biografías, así como a su relación con otros géneros literarios o figuras. El análisis de estas biografías revela un considerable parecido entre el retrato de estos tres médicos greco-romanos y la vida de algunos profetas en el Islam, especialmente la del Profeta Muḥammad. Asimismo, estas biografías presentan elementos atribuidos a musulmanes piadosos.

Este estudio demuestra que los biógrafos musulmanes construyeron esas biografías como parte de una tendencia general a asociar la medicina con el Islam y los orígenes del saber médico con la sabiduría profética. Igualmente, sostiene que las connotaciones y el uso de esa terminología particular permite una visión positiva de la ciencia de la medicina en las obras islámicas que les dieron cabida.
Link: http://al-qantara.revistas.csic.es/index.php/al-qantara/article/view/294/285

Articulo: Descubierto por qué no recordamos bien los primeros años de vida

Científicos del Hospital Infantil y la Universidad de Toronto afirma que el elevado nivel de producción de neuronas es la causa que afecta a la memoria

 

Descubierto por qué no recordamos bien los primeros años de vida

Un niño juega al balón durante el atardecer en las playas de Bombai EFE/Divyakant Solanki

 Madrid. (EUROPA PRESS). – Científicos del Hospital Infantil y la Universidad de Toronto, en Canadá, han descubierto que el elevado nivel de producción de neuronas es la causa de que el ser humano no recuerde los primeros años de su vida, según los resultados de un estudio presentado en el congreso anual de la Asociación Canadiense de Neurociencia.

Esto hace que, aunque la formación de nuevas células cerebrales sea clave para aumentar la capacidad cognitiva y aprender, en ese primer momento afecte a la memoria limpiando la mente de viejos recuerdos. La neurogénesis o formación de neuronas nuevas en el hipocampo, región del cerebro conocida por su importancia para el aprendizaje y el recuerdo, alcanza sus picos antes y después del nacimiento.

Y posteriormente, durante la niñez y la edad adulta, su producción comienza a decaer. Para comprobar si había relación entre este mecanismo y la ausencia de recuerdos de los primeros años de vida, los autores utilizaron ratones viejos y jóvenes. En los animales adultos, el equipo descubrió que aumentar la neurogénesis después de la formación de la memoria era suficiente para olvidar.

Asimismo, en los ratones pequeños los científicos hallaron que la disminución de la neurogénesis después de la formación de la memoria provocaba que el olvido, que normalmente ocurre a esta edad, no se diera. El estudio sugiere un vínculo directo entre la reducción en el crecimiento de neuronas y el aumento de los recuerdos. Al mismo tiempo comprobaron que también puede suceder lo contrario, es decir, que la habilidad de recordar disminuya cuando la neurogénesis aumenta, tal y como ocurre durante la infancia.

Los especialistas dijeron que el trabajo ofrece una explicación para la ausencia de recuerdos de nuestra niñez temprana, conocida como amnesia infantil. Uno de los autores del estudio, Paul Frankland, experto en neurociencia y salud mental, dijo que durante muchos años la razón por la que existe la amnesia infantil ha sido un misterio. “Creemos que nuestro nuevo estudio empieza a explicar por qué no tenemos memoria de esos primeros años.

Antes de los cuatro o cinco años tenemos un hipocampo muy dinámico que no puede almacenar información de forma estable”, ha reconocido. Por su parte la doctora Bettina Forster, de la Unidad de Investigación para la Neurociencia Cognitiva de la City University en Londres (Reino Unido), ha explicado a la BBC que se trata de un “estudio muy interesante y elegantemente ejecutado que muestra la relación directa entre la neurogénesis y la formación de memoria”.

Sin embargo, la experta agrega que estos resultados cuestionan el asumido vínculo entre el desarrollo verbal y la amnesia infantil, y pone en entredicho algunas teorías psicológicas y psicoterapéuticas sobre el tema.

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Se repite la historia? La justicia como escarmiento.

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Cuando estaba en Barcelona, el rey Fernando II el Católico solía recibir en audiencia los viernes. El viernes 7 de diciembre de 1492, poco después del mediodía, al salir el monarca del Palacio Real acompañado por su séquito, se abalanzó sobre él un hombre, Joan de Canyamars, que lo cosió a puñaladas al grito de “Torna’m la corona, és meva!”. El rey quedó malherido, con un corte en el cuello que a punto estuvo de resultar mortal.

El 12 de diciembre, Canyamars hubo de enfrentarse a un cruel suplicio. Dada la gravedad del caso, fue condenado a ser paseado en un carro por la ciudad mientras era mutilado por el verdugo. En la plaza del Blat, le cortaron una mano, y en la del Born, donde murió, la otra. En la plaza Sant Jaume, en la plaza Nova y en la plaza de Santa Anna le siguieron amputando extremidades. Tras pasar por la calle de Sant Pere, la comitiva salió de la ciudad y los restos fueron quemados, con carro y todo, en el Canyet (Poblenou).

Que se sepa, nada dijo Canyamars sobre el móvil del atentado, pero se especula con el descontento de muchos payeses con la Sentencia Arbitral de Guadalupe, dictada en 1486 para restablecer la paz social en el campo. Fuera o no un perturbado, lo cierto es que, seis años después del fin de la última guerra remença, pervivían entre los catalanes demasiados resentimientos larvados. Pero, en fin, mejor si pasamos la página de los conflictos, los atentados y las venganzas y buscamos para la siguiente entrada de este blog un tema algo más agradable.

Link: http://barcelonaapie.wordpress.com/2013/05/03/la-justicia-como-escarmiento/

Jornadas muy interesantes: Encuentro de Comunicación Social y Periodismo del Mediterraneo

Lugar: Granada

Dia: 12 Abril 2013

Mirar en el espejo de nuestra Historia para ver qué errores se cometieron, no reiterarlos en la sociedad actual, y aprender de las cosas buenas que se llevaron a cabo, hace mil años, es uno de los objetivos bajo los que se enmarca este Encuentro de Comunicación Social y Periodismo del Mediterráneo.

Punto de inflexión necesario en el conocimiento, integración, cultura e historia del futuro, analizando y respetando los valores del pasado, cita de profesionales y especialistas de la Sociedad de la Comunicación e Información, y periodistas y reporteros que han sabido hacer de los nuevos medios digitales una herramienta fundamental para el conocimiento.

Tu visión, tu perspectiva, tus dudas, tus inquietudes… son importantes para nosotros. Desde esta plataforma planteamos algunas preguntas a las que queremos que nos ayudes a dar respuesta. También serán importantes tus reflexiones para dar una mayor cohesión a esta etapa que pretendemos iniciar.

Este Encuentro, que se celebra en Granada encuadrado en los actos conmemorativos del Milenio de la Fundación del Reino de Granada, y está organizado en colaboración con la Fundación Pública Andaluza El legado andalusí y la Asociación de la Prensa de Granada, tendrá lugar en el auditorio del Parque de las Ciencias de Granada.

El encuentro

Es en el siglo XI cuando se constituye, por primera vez, un Reino en torno a Granada. Desde el año 1013 hasta el 1090 el poder de la familia beréber de los Ziriés crea una taifa independiente que comprendía Granada, parte de Córdoba, Málaga, Jaén y Almería. El Zirí es el antecesor inmediato al Reino Nazarí de Granada, que significará el epílogo de al-Andalus, y dejará como herencia un legado cultural y artístico inconmensurable.

Esta época llega a su final en 1492, con la conquista de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. A partir de ese momento, el Reino de Granada continuó dentro de sus límites, pero como territorio cristiano integrado en la nueva constelación regida primero, por los Reyes Católicos, y luego por Austrias y Borbones, hasta la reorganización territorial por provincias establecida en 1833.

Estos mil años de devenir han dejado importantes acontecimientos históricos, culturales y sociales.

El Milenio surge como una plataforma enfocada a la proyección, nacional e internacional, de la esta dimensión histórica, cultural y patrimonial de Granada y su Antiguo Reino.
Recordar la Historia y reflexionar sobre sus sucesos, procura una mayor comprensión sobre los seres humanos. Desde el presente, se recurre al pasado para mejorar el futuro. Este Milenio es una gran construcción colectiva basada en el entendimiento mutuo.

Por otra parte, la Asociación de la Prensa de Granada conmemora en esta fecha su Centenario. Un periodo de tiempo en el que ha recorrido y vivido el desarrollo de los Medios de Comunicación, la profesión periodística y el avance de las Nuevas Tecnologías en este oficio. La inmediatez con la que la información puede llegar a cualquier rincón del mundo, la veracidad de las noticias y, al fin y al cabo, el querer tener conocimiento de qué ocurre a nuestro alrededor son algunas de las pautas que han marcado la existencia de esta entidad durante cien años.

Ambas, Milenio y Asociación de la Prensa de Granada, se enmarcan en un proyecto común de conocimiento, integración, cultura e Historia que apuesta por el futuro, respetando los valores del pasado.

 
 
 

Libro: “CEREBRO Y MÚSICA, UNA PAREJA SALUDABLE. Las claves de la neurociencia musical “

Esta obra es una aproximación científica que nos acerca al conocimiento del cerebro y, en particular, a sus respuestas ante los estímulos musicales. Se exponen los fundamentos básicos que explican los cambios que se producen en las diferentes áreas cerebrales y las repercusiones o efectos fisiológicos, cognitivos y emocionales derivados. Con un lenguaje claro y riguroso, el autor describe las partes más importantes del “órgano rey”, cita las bases y las características de las técnicas de exploración cerebral que permiten “ver” su interior, detalla el trayecto y los procesos involucrados en el recorrido de la información nerviosa desde el oído interno hasta las áreas corticales y, finalmente, muestra ejemplos de aplicaciones que evidencian cómo la música puede contribuir eficazmente a mejorar nuestra salud.

¿Por qué sentimos la necesidad de movernos cuando escuchamos música rítmica? ¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando extasiados por una obra musical nos invaden estos “escalofríos” que recorren nuestra piel? El cerebro de un músico es diferente? La música siempre es terapéutica o también puede perjudicar? ¿Qué pasa en el cerebro mientras se práctica la meditación? ¿Qué podemos hacer para retrasar la neurodegeneración y mantener el cerebro “en forma”? ¿Qué era la música por Einstein? Estas son algunas de las muchas preguntas que se responden y comentan en las páginas de esta interesante obra, en base a las teorías y conocimientos científicos actuales.

En los últimos años, Jordi A. Jauset ha publicado varios libros en relación al sonido, la música y sus efectos terapéuticos: “Música y Neurociencia: la musicoterapia” (UOC, 2008), “La musicoterapia” (UOC, 2009); “Sonido, música y espiritualidad” ( Gaia, 2010), y “Terapia de sonido ¿Ciencia o dogma?” (Luciérnaga, 2011).

A través de sus obras y conferencias, el autor divulga los beneficios terapéuticos del sonido y de la música que favorecen una mejor calidad de vida, según los avances y aportaciones de la
neurociencia en los últimos años.

Interesante artículo sobre los ejecutores de la pena de muerte: “Su trabajo es matar”

Detrás de la aplicación de la pena capital hay funcionarios de prisiones encargados de ejecutar la ley. Su trabajo consiste en liquidar a personas condenadas a morir. Los verdugos de la prisión de McAlester (Oklahoma) cuentan su terrible rutina laboral.

 
Detrás de la aplicación de la pena capital hay funcionarios de prisiones encargados de ejecutar la ley. Su trabajo consiste en liquidar a personas condenadas a morir. Los verdugos de la prisión de McAlester (Oklahoma) cuentan su terrible rutina laboral.
 
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Además de cruel e inhumana, la pena de muerte es cara. Cada ejecución le cuesta al Estado de Carolina del Norte más de dos millones de dólares. En Tejas, la cifra es muy similar y supone tres veces el coste de tener a alguien encerrado en una cárcel de máxima seguridad durante 40 años. En Florida, mantener en pie el mortal sistema asciende a 51 millones al año, lo que supone que cada una de las 44 ejecuciones que ha tenido ese Estado desde 1976 ha costado 24 millones cada una.

El Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, siglas en inglés) es responsable de un estudio que en principio podría sonar cínico. Su título: Reconsiderando la pena de muerte en tiempos de crisis. “La pena de muerte es una actividad tremendamente cara y derrochadora que no tiene beneficios concretos”, se lee. En contra de lo que se podría pensar -y que es uno de los argumentos de los partidarios-, “todos los estudios concluyen que la máxima pena es mucho más costosa en términos de dinero que un sistema que imponga cadenas perpetuas” para los crímenes de sangre, asegura Richard Dieter, director del DPIC. Si los homicidios legales perpetrados por el Estado no pasan a la historia por motivos morales, puede que el canal para hacerlo sea tocando el precario bolsillo de los contribuyentes.

Treinta y cinco Estados de la Unión tienen la pena de muerte en sus ordenamientos jurídicos. Desde que en 1976, el Tribunal Supremo volviese a reinstaurarla tras un parón de cuatro años que cuestionó su constitucionalidad -apelando a la octava enmienda de la carta Magna que prohíbe tratos crueles o inhumanos, 1.233 personas han perdido la vida a manos de tan bárbaro sistema solo 12 han sido mujeres, la última, Teresa Lewis, a finales de septiembre en Virginia.  El Estado a la cabeza en ejecuciones, con muchísima diferencia sobre el siguiente, es Tejas. Desde 1976, Tejas ha acabado legalmente con la vida de 464 seres humanos. Virginia con 108; Oklahoma con 93… A día de hoy, en el corredor de la muerte hay 3.261 personas (61 son mujeres). El Estado que mayor número de presos tiene encerrados esperando la muerte es California (607). Desde el año 2002 no se ejecuta en EE UU a personas con discapacidades o enfermedades mentales. En 2005, el Supremo acabó con la máxima pena para los menores de edad.

Los contrarios a la pena de muerte han visto en los últimos años cómo su causa ganaba adeptos. Según las últimas encuestas, un 65% de la población es partidaria de ella (era el 80% en 1994). Esos mismos sondeos dicen que cuando se da la opción a los entrevistados de elegir entre pena de muerte o cadena perpetua, un 48% prefiere esta última opción sobre la primera.

En la actualidad, son varios los Estados que tienen la aplicación de sus ejecuciones parada. En este caso, el escollo para acabar con la vida de alguien es logístico. La escasez de uno de los tres fármacos que se inyecta en las venas del condenado para acabar con su vida está poniendo en cuestión la viabilidad de tan anacrónico sistema.

El Supremo de California tiene bloqueadas las ejecuciones debido a la escasez del anestésico que duerme al reo antes de que se le induzca a un coma rápido y se le produzca una parada cardiorrespiratoria que acabe con su vida. En Kentucky sucede lo mismo. En Arizona vivían la misma situación kafkiana hasta que, según han informado los medios de comunicación de ese Estado, la penitenciaría importase el pentotal sódico desde el Reino Unido. Jeremy Landrigan moría por inyección letal el 27 de octubre.

Hospira, el único laboratorio que produce en EEUU el Pentotal -nombre comercial asegura que no podrá proveer de nuevas dosis hasta principios de 2011 por problemas de producción que no especifica. Lo que se esconde detrás de la decisión de la compañía es el rechazo a que un sedante con fines médicos se vende a las prisiones para operaciones quirúrgicas sea usado para causar la muerte a alguien.

“Al día siguiente, nadie habla de ello”

Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. Formé parte del strap down team, el equipo encargado de atar al condenado a la mesa de ejecución antes de la inyección letal. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno -somos cuatro o cinco- ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: ‘¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!’. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo ‘Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?’, y tú contestas: ‘Me han elegido, ahora tienes que tumbarte’. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: ‘Gracias, Dirk, me has salvado la vida’. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté”.

“Un hombre pidió cereales para niños como última comida”

“Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo ‘¡gracias!’, con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa”.

“Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica”

“Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro”.

“Dios no me lo reprochará”

“Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: ‘En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros’. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará”.

“En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal”

“Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: ‘Layne, la vida va a ser mejor allí arriba’. O bien se alteran y te dicen: ‘¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche’. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: ‘He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto’. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie”.

“Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones”

“Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: ‘No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley’. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: ‘Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan’. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad

Font: http://elpais.com/diario/2010/11/21/eps/1290324412_850215.html

PSICOLOGÍA Los niños bilingües desarrollan mejor la denominada “memoria de trabajo”

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Una investigación de la Universidad de Granada y la de York (Canadá) ha demostrado que los niños bilingües desarrollan mejor que los monolingües un tipo de memoria denominada “memoria de trabajo”, encargada de los procesos relacionados con el almacenamiento temporal de la información y su procesamiento.

La memoria de trabajo es fundamental en la ejecución de multitud de actividades como, por ejemplo, cálculos mentales, ya que en ellos se necesita mantener los números en memoria y operar con ellos o en la comprensión lectora, dado que requiere relacionar los conceptos que van a apareciendo a lo largo de un texto.
El objetivo de esta investigación, de la que hoy ha informado la Universidad, fue por una parte evaluar de qué manera el hecho de emplear varios idiomas influye sobre el desarrollo de la “memoria de trabajo” y por otro explorar el papel que tiene la memoria de trabajo en la superioridad cognitiva de los bilingües encontrada en estudios previos.
La memoria de trabajo engloba las estructuras y procesos relacionados con el almacenamiento temporal de la información y el procesamiento y actualización de dicha información.
Es uno de los componentes de las denominadas “funciones ejecutivas”: un conjunto de mecanismos que se encargan de la planificación y autorregulación de la conducta humana.
Se trata de una capacidad que se va desarrollando en los primeros años de edad, pero también se ha demostrado que puede entrenarse y mejorar con la experiencia.
La autora principal de esta investigación, Julia Morales, del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, destaca que este estudio ayuda a comprender el desarrollo cognitivo de los niños bilingües y monolingües.
“Otros estudios han demostrado que los niños bilingües son más hábiles en tareas de planificación y control cognitivo (por ejemplo, tareas que implican ignorar información irrelevante o controlar respuestas dominantes), pero hasta la fecha no existían claras evidencias sobre la influencia del bilingüismo en la memoria de trabajo”, ha señalado.
Los niños bilingües que participaron en esta investigación, de entre 5 y 7 años, período crítico en el desarrollo de este tipo de memoria, realizaron mejor que los monolingües las tareas que implicaban memoria de trabajo y, lo que es más importante, esta ventaja fue mayor cuanto mayores eran las exigencias de otras funciones cognitivas.
Según la investigadora, estos resultados indican que la experiencia bilingüe no mejora el funcionamiento de la memoria de trabajo de forma aislada, sino que influye de forma global en el desarrollo de las funciones ejecutivas, especialmente cuando éstas tienen que interactuar entre sí.
Link: http://www.ideal.es/agencias/20130207/local/granada/psicologia-ninos-bilingues-desarrollan-mejor_201302071053.html

Interesante artículo: El sonambulismo y la violencia: Un nexo muy común

En una mañana de Mayo del 1987, poco más de la 1.30 am, un joven canadiense de 23 años llamado Kenneth Parks condujo durante 14 millas hasta la casa de su padrastro y lo estranguló. Un año después, fue condenado pero una minuciosa investigación sacó a relucir el hecho de que Parks realmente había tenido un episodio de sonambulismo durante el asesinato.
Esta historia inspiró una película norteamericana titulada “The Sleepwalker Killing”. Lo cierto es que estos casos son extremos pero la violencia durante los episodios de sonambulismo no es del todo extraña. Por eso, aunque en el pasado ya me he referido a las causas y consecuencias del sonambulismo, ahora me gustaría retomar sus nexos con la violencia.
En el 1995 un estudio desarrollado en 64 personas que sufrían de sonambulismo o terrores nocturnos mostró que más de la mitad de ellos exhibían comportamientos violentos durante los episodios. Un análisis posterior concluyó que el 70% de las personas que sufren de sonambulismo pueden actuar de forma violenta.
De hecho, otros estudios epidemiológicos han confirmado que la violencia en las personas que padecen de sonambulismo no es un asunto de subestimar. En el 2010 un estudio que comprendió a más de 20.000 personas de seis países europeos demostró que el 1,7% de ellos padecían comportamientos violentos durante el sueño. Sin embargo, los investigadores piensan que la cifra podría ser aún mayor.
Obviamente, el principal problema radica en la falta de control de la persona implicada y su habilidad para desarrollar acciones complejas mientras está dormido. Investigaciones realizadas con resonancia funcional han demostrado que esto se debe a que durante un episodio de sonambulismo las zonas de la corteza prefrontal (mediante las cuales regulamos nuestras decisiones y comportamientos) están inactivas. No obstante, las zonas involucradas en el control de los movimientos, incluida la corteza cingulada posterior y algunas partes del cerebelo, mostraban una gran actividad.
Sin embargo, estos cambios cerebrales no son suficientes para explicar la violencia. Para ser totalmente honestos, aún la ciencia no posee una respuesta definitiva que explique esta conexión. Sin embargo, Mark Pressman, un doctor de la Thomas Jefferson University, analizó 32 casos de violencia nocturna y se percató que la mayoría de ellos estuvieron provocados por encuentros con otras personas durante el episodio de sonambulismo.
También se sabe que los sueños disruptores suelen estar presentes en los episodios de sonambulismo y podrían determinar la violencia ya que frecuentemente estas personas reportan imágenes muy vívidas que le inspiran miedo. Por eso, muchos especialistas hipotetizan que las personas se vuelven violentas puesto que su cerebro percibe que está siendo atacado.
Fuente:
Siclari, F.; Tononi, G. & Bassetti, C. (2012) Death by Sleepwalker. American Mind; Julio/Agosto: 38-41.

 

El ladrón de crímenes

Sture Bergwall está recluido en una clínica psiquiátrica sueca desde 1991. Se autoinculpó de 32 crímenes, le condenaron por ocho. Un periodista pertinaz desmontó la leyenda del supuesto asesino en serie y denunció cómo jueces y policías se habían dejado engañar

 25 NOV 2012 – 00:00 CET104

Entrevista a Sture Bergwall en el interior de la clínica psiquiatrica de Säter, en Suecia. /JOSEBA ELOLA / ÁLVARO DE LA RÚA

El pequeño Johan Asplund salió de casa a las ocho de la mañana, como todos los días, para ir a la escuela. Fue el viernes 7 de noviembre de 1980. Tenía 11 años. Nunca volvió a aparecer. Su caso se convirtió en uno de los misterios sin resolver más conocidos de Suecia. Trece años más tarde, el 8 de marzo de 1993, saltaba la noticia. Un enfermo mental de la clínica de psiquiatría forense de Säter acababa de confesar el crimen. Así reproducía el diario Expressen, el 15 marzo de 1993, la confesión de ese hombre de 42 años llamado Thomas Quick. “Le cogí a la salida del colegio y le metí en el coche. Conduje hasta el bosque y violé al chico. No quería matar a Johan. Pero entré en pánico y le estrangulé. Enterré su cuerpo para que nadie pudiera encontrarlo”.

El fiscal general del Estado, Christher van der Kwast, tardó siete años en construir un caso contra Quick. Los restos del cuerpo del chico no aparecieron donde el presunto asesino decía que podían estar. Pero la confesión era muy prolífica en detalles. En su opinión, más que suficiente para presentar cargos. Para entonces, año 2001, hacía ya tiempo que Quick se había convertido en el asesino en serie más conocido de la historia en Suecia. Su sucesión de autoinculpaciones había supuesto un continuo crescendo de crímenes cada vez más atroces. En el caso Johan Asplund, llegó a confesar que se comió los dedos del pequeño.

Pero el 2 de junio de 2008 se desdijo de todo.

Thomas Quick se llama en realidad Sture Bergwall. Tiene 62 años. Sigue recluso entre los muros amarillos de la clínica de Säter, lugar de encierro para enfermos mentales peligrosos. Lleva allí 21 años. Una buena parte, con el estatus de un VIP, según cuenta el criminólogo Leif G. W. Persson. La historia de Quick/Bergwall está a la altura de esas novelas negras que nos llegan desde latitudes escandinavas.

“Así que viene usted a ver al hombre especial”, espeta la noche anterior a nuestro encuentro con Bergwall el camarero del único bar que queda abierto a las diez de la noche en Säter, pueblo situado a tres horas en coche de Estocolmo, dirección norte. “Ese hombre es un psicópata; si sale de ahí, volverá a matar. Tenga cuidado”.

Bergwall se autoinculpó de 32 asesinatos. Le condenaron por ocho. Ya le han retirado cinco condenas

Resulta curioso que ni siquiera en el pueblo que alberga a Bergwall sepan que todo ha cambiado. Que el relato ya es otro. Que el “hombre especial” está siendo descargado, una por una, de sus condenas por asesinato. En los años noventa se autoinculpó de 32 crímenes. Le condenaron por ocho. Ya le han retirado cinco. Esta misma semana le han exculpado formalmente del asesinato de dos chicas noruegas cuyos cuerpos fueron hallados a las afueras de Oslo: Trine Jensen, de 17 años; y Gry Storvick, de 23. Dos asesinatos que despertaron serias dudas en su momento. Él, que parecía un asesino, violador y descuartizador de chicos jóvenes, confesando un crimen heterosexual.

Quedan dos casos por despejar aún. Uno es el asesinato de Charles Zelmanovits, un chico de 15 años que vivió en España de los 6 a los 14, en Fuengirola. Su padre trabajaba en aquellos días como médico. Seis meses después de regresar a Suecia, Charles desaparecía tras una fiesta del colegio en Piteä, en el norte de Suecia. Fue el 13 de noviembre de 1976. Thomas Quick dijo haber desmembrado el cuerpo del joven y haberse llevado algunas partes. El otro es el de una pareja de holandeses, Marinus y Janny Stegehuis, salvajemente apuñalados en la madrugada del 13 de julio de 1984 en un paraíso de la naturaleza, en tierras laponas, a orillas del maravilloso lago Appojaure.

El abogado de Bergwall, Thomas Olsson, da por hecho que estas condenas no tardarán en ser retiradas. Los casos contra Quick se fundamentaron, sobre todo, en sus detalladas autoinculpaciones. Y se ha retractado. “Todos los casos fueron construidos igual: sin pruebas biológicas, sin huellas, sin rastros de ADN, sin testigos, sin evidencias”, dice el abogado, uno de los más reputados en Suecia, hombre elegante y sarcástico. “En cuanto le cambiaron la medicación dejó de confesar”. Bajo los efectos de ingentes dosis de benzodiacepina, un medicamento que inhibe y puede permitir al paciente perder la empatía y decir cualquier cosa, Bergwall ofrecía minuciosísimos relatos de crímenes en sesiones de terapia. Cuanto más contaba, más medicación le daban. Cuanto más medicación le daban, más contaba.

“Todos los casos fueron construidos igual: sin huellas, sin ADN, sin testigos, sin evidencias”, dice su abogado

Bergwall era un adicto a las drogas desde su adolescencia. Empezó acolocarse con pañuelos empapados en disolvente.

Monstruo, violador, sádico, pederasta, caníbal. Thomas Quick fue todo eso durante 20 años. Hasta que en su camino se cruzó un periodista pertinaz y obsesivo, de nombre Hannes Rastam, dispuesto a aclarar todas las dudas que la autoría de esos crímenes horribles siempre suscitó. Su trabajo de investigación se ha convertido en un jaque al sistema judicial, policial y de salud mental sueco. Rastam, que murió en enero, al día siguiente de dictar la última página de su libro Thomas Quick: la fabricación de un asesino en serie, consiguió arrancarle la gran confesión, durante años sepultada en esa mente enferma: todo fue una gran mentira.

Clínica de psiquiatría forense de Säter. Dos celadores custodian la entrevista con Sture Bergwall. Hemos atravesado cinco puertas acorazadas para llegar hasta él. La puerta de la calle; la puerta de la garita, donde se deja el pasaporte; el detector de metales, la puerta blanca, un pasillo, la puerta gris, un pasillo, la puerta rosa.

Pregunta. Pero usted ¿por qué mintió?

—¿Por qué mintió?

—Fue una manera de conseguir ansiolíticos legalmente, y de pertenecer a algo

Respuesta. Fue una manera de conseguir ansiolíticos legalmente. Me permitió tener la sensación de pertenecer a algo. Empezó como una pequeña mentira que creció hasta convertirse en una enorme mentira.

Sture Bergwall responde a la pregunta pausadamente, tranquilo. Es un hombre corpulento, muy alto, 1,89. Manos grandes, gruesas, robustas; pies enfundados en unas sandalias negras, calcetines rojos. Estamos en una pequeña habitación de la clínica psiquiátrica, en la zona de visitas. Una muñeca rubia y un mueble repleto de juguetes descansan en el suelo de esta sala en que los reclusos reciben a la familia. Hay un microondas, café y vasos de plástico blanco. Todo apunta a que los muebles, cómo no, deben de ser de Ikea.

Bergwall parece un señor normal; un señor normal y corriente.

La monstruosa espiral de sus confesiones arranca en un soleado día de junio de 1992. Apenas le quedan unos meses para salir de la clínica. Hace un día espléndido y Bergwall está tomando el sol en el lago Ljustern, acompañado de una enfermera. Lleva año y medio recluido, le han encerrado después de cometer un atraco, vestido de Papa Noel, en la casa de un bancario de su pueblo, Falun.

Arriba, reconstrucción de uno de los crímenes, en enero de 1995. De izquierda a derecha: el policía Seppo Pentinnen; Sture Bergwall; el abogado Claes Borgström, y la terapeuta Birgitta Ståhle. / SVEN ERIK RØED (SCANPIX NORWAY)

Bergwall es en esos momentos un hombre con antecedentes reales que se acaba de cambiar de nombre. Como no quiere que se le asocie con el atraco, adopta el apellido de soltera de su madre, Quick; y se pone Thomas porque le gusta cómo suena. A los 19 años ya había sido denunciado por abusar sexualmente de un chico de 14. También apuñaló a un hombre con el que compartió una noche. De hecho, no es esta su primera estancia en una clínica psiquiátrica.

Su sobrino Stefan Hazianastasiou, al que hemos visitado en la localidad de Örebro (a 198 kilómetros de Estocolmo, dirección oeste) el día anterior a la entrevista en la clínica, sostiene que su tío quería evitar a toda costa el regreso a Falun, su pueblo. “Estaba avergonzado, para él era más cómodo quedarse en la clínica”, dice, con un café en la mano, en la cocina de su casa. Hazianastasiou recuerda que su tío siempre fue un gran contador de historias.

Total que en aquella mañana soleada a Bergwall se le ocurre decirle a la enfermera: “¿Qué pasaría si yo hubiera cometido algo grave?”.

Al día siguiente, el psiquiatra le recibe en su consulta para comentar lo sucedido.

— ¿Qué quiere decir usted con algo grave?, le pregunta el médico.

—Le daré una pista, responde Bergwall: AS.

—¿AS?

—AS, de asesinato.

“Yo vivía rodeado de criminales violentos en la clínica”, explica Bergwall, recordando aquel episodio. “Tenía que contar algo realmente gordo para destacar, para que me prestaran atención”.

Decidió recurrir al asesinato que mejor conocía, el misterio sin resolver más célebre en aquellos días: la desaparición del pequeño Johan Asplund. “Yo no podía imaginar las consecuencias de lo que dije en ese momento. No fue una decisión racional, fue como un juego semántico inocente”.

El interés de los médicos ya estaba captado. Había que mantenerlo. Confesó un segundo crimen, pero esta vez eligió un caso que hubiera prescrito: el asesinato de Thomas Blomgren, acaecido en 1964. Perfecto: por aquel entonces, Bergwall solo tenía 14 años, no podrían condenarle.

La investigación policial por el caso Asplund aún no había arrancado, de modo que Bergwall todavía disponía de fines de semana libres. Podía entrar y salir. Para ser verosímil, debía documentarse. La Biblioteca Real de Estocolmo era la mejor opción. Los artículos de la época, plagados de detalles, y los microfilmes le ayudaron a construir un relato preciso de la muerte de Thomas Blomgren, un niño de 14 años. “Cuando se lo conté a los médicos, se lo tomaron como una historia real”.

Es en mayo de 1993, un año después de la primera confesión, cuando el fiscal general del Estado, Christer van der Kwast, anuncia que está considerando presentar cargos contra Quick, según relata el libro de Rastam. Anuncia a la prensa que el enfermo ha señalado los lugares en que se encuentra el cuerpo de Johan Asplund. Todavía no lo han encontrado, no obstante.

Esos restos, de hecho, nunca han sido hallados.

Björn Asplund, el padre de Johan, nunca creyó que Bergwall pudiera ser el asesino de su hijo. “Ese hombre no era capaz ni de trocear una salchicha”, dice, fumando un cigarrillo de liar en el interior de su barco-vivienda, atracado al borde del lago Mälaren, en el corazón de Estocolmo. Asplund siempre sospechó del padrastro de Johan, un cardiólogo que, de hecho, fue condenado por secuestrar al pequeño.

Al supuesto asesino le daban información en terapia. Le ‘ayudaban’ a recordar, dice el padre de una víctima

El presunto asesino en serie confesó a la policía que el pequeño Johan tenía una marca especial: una especie de corte en la barriga. Asplund saca una servilleta de papel y hace un croquis. Señala que la marca especial de su hijo era una especie de lunar en una de sus nalgas. Se lo contó a la policía. Bergwall acabó cambiando su testimonio y hablando de esa marca en el juicio. “Había una estrecha cooperación entre terapeutas y policía, que compartían información”, dice Asplund. Señala que al enfermo le daban información en terapia. Le ayudaban a recordar.

La periodista Jenny Küttim, mano derecha de Hannes Rastam, que realizó toda la investigación para el libro a su lado, es aún más tajante: “Los terapeutas actuaban como policías y los policías, como terapeutas”.

El patrón era siempre el mismo. Lo cuenta el abogado Olsson. Bergwall confesaba en terapia. Daba detalles de los crímenes. Pero se equivocaba una y otra vez. Por ejemplo, en el caso de la joven Therese Johanessen, una menor de nueve años desaparecida, dijo que era rubia, con ojos azules, que vivía en un pequeño pueblo, que el día de autos fue soleado. En realidad, la pequeña era morena (era hija de un español, Jesús); tenía ojos castaños; vivía en la ciudad. “Y aquel día fue el más lluvioso de los últimos diez años”, remata Thomas Olsson, sarcástico.

Un psicólogo fue acusado de usar “métodos manipulativos” para que Bergwall construyera historias

Con todo, Bergwall se empezó a convertir en un experto en extraer información de policías y terapeutas. “Yo disponía de datos muy básicos, de la prensa”, explica el enfermo en la clínica, “así que daba respuestas muy vagas y esperaba a que me dieran opciones. Luego leía sus reacciones. Cuando me preguntaban: ‘¿Está seguro?’, ya sabía que había dado la respuesta incorrecta”.

P. ¿Y no se paró a pensar en las víctimas y sus familias? ¿No pensó en dar marcha atrás en algún momento?

R. Desde el principio tuve ganas de dar marcha atrás en mis confesiones, pero me avergonzaba hacerlo. Yo estaba a merced de los médicos: retractarme suponía traicionarles, decirles que llevaba tiempo contándoles mentiras. Además, me gustaba ver que se interesaban por mí.

Incluso los errores en las confesiones de Bergwall conseguían acomodo en el guion de esta pesadilla. “El hecho de que siempre se equivocara fue usado como argumento de que realmente era el asesino; decían que tenía tanta ansiedad al recordar esos asesinatos, que se protegía de ellos”, explica Leyla Belle Drake, editora del libro de Hannes Rastam. “Cuando acudía a sus recuerdos, con la ayuda de los terapeutas, tenía que hacerlo mediante una elipsis, esa era la teoría. Empezaba con mentiras porque se estaba protegiendo a sí mismo de esos recuerdos horribles”. El arquitecto de esta teoría fue el experto en memoria Sven Ake Christianson, explica Belle Drake. La tesis: Quick había borrado los sucesos más dolorosos de su vida, por eso el recuerdo de sus crímenes era tan borroso. De pequeño había sufrido abusos sexuales, según contó en terapia. Había sido obligado a tener sexo oral y anal con su padre a los cuatro años. Un episodio en el que fue sorprendido por su madre, que, fruto del shock, perdió al hijo que llevaba en el vientre. Su madre siempre culpó a Bergwall de esa muerte.

P. Pero ¿por qué fabricó usted semejante historia?

R. La terapia que yo hacía estaba basada en que mis acciones de adulto debían estar relacionadas con acontecimientos de mi infancia. Si había asesinado de adulto, debía haber hechos en mi infancia que se correspondiesen. Además, con la benzodiazepina era capaz de contar cualquier cosa sin problemas.

“Yo estaba medicado y drogado. Estaba atrapado. De noche, golpeaba mi cabeza contra las paredes”

Las consecuencias de estas confesiones en su familia fueron devastadores, cuenta su sobrino. Aunque ahora todo se ha recompuesto.

P. ¿Los efectos de la medicación eran muy fuertes?

R. Yo estaba muy medicado y drogado. Estaba completamente atrapado en esa situación. Me desesperaba y, por las noches, golpeaba mi cabeza contra las paredes. Tenía altos niveles de ansiedad como consecuencia de las confesiones, de las investigaciones, y de los efectos secundarios de las drogas.

P. Sus confesiones se hicieron crecientemente violentas. Llegó a hablar de canibalismo. ¿Cómo llegó hasta ese punto?

R. Cuanto peores eran las historias que contaba sobre lo que me habían hecho mis padres, peores tenían que ser mis confesiones.

P. ¿Le guiaron en ese crescendo?

R. Los psicólogos y los terapeutas nunca tenían suficiente, siempre querían más.

P. ¿Y qué pasaba cuando todo ello era confirmado por la Justicia y le condenaban?

R. Me era indiferente. Para mí lo importante era mi situación en la clínica, aquí dentro.

El 12 de junio de 1998, en un artículo en el diario Svenska Dagbladet  la prestigiosa psicóloga Astrid Holgersson ya acusaba a Sven Ake Christianson de usar “sugestión y métodos manipulativos” para ayudar a Quick a que construyera historias que no contradijeran los hechos de los crímenes. Holgersson acuñó el término de Equipo Quick, el grupo de los que construyeron la leyenda del asesino en serie: el investigador que lideraba las pesquisas, Seppo Pentinnen; la terapeuta Birgitta Stahle; el fiscal Christer van der Kwast, y el experto en memoria Sven Ake Christianson, con el que nos pusimos en contacto, pero que declinó hacer declaraciones. Tampoco quiso hablar en Estocolmo Claes Borgström, abogado de Quick en aquellos días, criticado por no cuestionar la versión construida por el Equipo Quick. De él, dice Bergwall: “Como cliente, me sentí traicionado”.

La ayuda para recordar, en algunos casos, llegaba hasta el punto de reconstruir la escena del crimen fielmente. Así ocurrió el 9 de enero de 1995, día en que Quick se subió a bordo de un jet privado con asientos de cuero para abordar la reconstrucción del crimen de la pareja holandesa en Appojaure. A bordo, todo el Equipo Quick.

“Desde el principio quise dar marcha atrás en mis confesiones.Pero me avergonzaba hacerlo”

Jan Olsson, comisario de la Policía Criminal Central y experto en análisis de escenarios de crímenes, también fue enviado a tierras laponas para colaborar en la investigación. Al llegar, observó que se había encargado una réplica exacta de la tienda de campaña del asesinato, y que el Toyota Corolla de la pareja estaba situado en el sitio que reflejaban los informes policiales.

“Era la primera vez que veía algo así”, explica el veterano excomisario, de 76 años, en su apartamento en Estocolmo, con un gato blanco de angora reposando junto a él en el sofá. “Lo normal es llevar al sospechoso a la escena y que sea él quien diga dónde estaba cada cosa. Pero ellos pensaban que había que ayudarle a rememorar”.

Jan Olsson recuerda que Bergwall llegó al lugar del crimen y lo recreó entrando por el lado contrario de la tienda. “Se equivocó en todo”, afirma. Entró como un loco en la tienda para apuñalar a la pareja que había en el interior, cuando los informes policiales señalaban que habían sido apuñalados desde el exterior de la tienda.

Hicieron un receso en la reconstrucción. “Después de hablar con Seppo Pentinnen —el policía que llevaba las investigaciones— y alguna persona más, volvió a reconstruir el crimen. Pero esta vez lo hizo casi todo tal y como reflejaban los informes policiales”, afirma el excomisario.

A pesar de la retirada de cinco condenas, hay voces discordantes. Como la del entonces fiscal general del Estado, Christer van der Kwast: “Que él sea el asesino es una clara posibilidad”, confiesa en la cafetería de un céntrico hotel de Estocolmo. “Nos dijo cosas que solo el asesino podía saber. Es un tipo de psicópata complejo, un sádico, y tiene las características de un asesino en serie. Su habilidad de manipular a los que tenía a su alrededor supuso un problema del que éramos conscientes y que tuvimos que manejar. Los fiscales que han estado trabajando en los casos desde que retiró sus confesiones no han hecho bien su trabajo”.

El juez Göran Lambertz, que revisó el caso durante una semana en 2006 y no halló irregularidades, abunda en la idea. “Hay varios factores que apuntan a que realmente fue él: había cometido delitos con anterioridad; los médicos diagnosticaron que era una persona peligrosa, un agresor sexual en potencia; estuvo en clínicas psiquiátricas, pero anduvo libre entre 1976 y 1991; y 15 crímenes fueron cometidos en áreas en las que él pudo haber estado”.

Leif G. W. Persson, criminólogo —y novelista— que trabajó 30 años como policía y siguió de cerca las investigaciones, es claro: “Muchos investigadores abandonaron los casos por las dudas en torno a los procedimientos. Ese hombre no cometió un solo crimen, no es un asesino en serie. Para un profesional como yo, resultó evidente desde el principio. Pero para los que le rodeaban, aquello se convirtió en una religión”. Persson denuncia que se contravinieron todas las reglas: es inasumible, dice, que un solo policía condujera todos los interrogatorios, como así ocurrió. “Se cometieron errores en la investigación, en la instrucción, y los juzgados validaron esos errores. Esto es una catástrofe para el sistema judicial sueco”.

La periodista Jenny Küttim enfatiza que los miembros del Equipo Quickcimentaron sus carreras sobre el caso, que se aprovecharon de un enfermo mental. “Ahora han pasado más de 25 años, los auténticos asesinos están libres, y nunca les encontraremos. Eso es horrible. Quick causó mucho daño con sus confesiones, y tiene gran culpa en todo esto. Pero no hay que olvidar que es un enfermo, y que era un adicto a las drogas”.

La entrevista en la clínica llega a su fin.

P. ¿Es usted capaz de matar o ha sido capaz de matar alguna vez en su vida?

R. No.

P. ¿Usted ha cometido algún asesinato?

R. No.

P. Si sale de esta clínica, ¿qué será lo primero que haga?

R. Dar un largo paseo por el bosque, solo.

Una víctima en Fuengirola

J. ELOLA

Charles Zelmanovits, una de las supuestas víctimas de Bergwall, desapareció en Pitea, norte de Suecia, en la noche del 13 de noviembre de 1976. Volvía de una fiesta del colegio. Tenía 15 años.

El chico se crió en Fuengirola. De los 6 a los 14 años, vivió en la localidad malagueña, donde su padre ejercía como médico: trataba a enfermos de reúma que buscaban curación en el clima del sur de España. Su hermano Frederick, que habla perfectamente español, vive en el sur de España, pero no desea hacer declaraciones hasta que el caso de su hermano se aclare. Bergwall confesó en su momento que estranguló y desmembró a Charles en el bosque. Este es uno de los casos que están siendo revisados por la Justica sueca, ahora que Bergwall ha retirado su autoinculpación.

Link: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/11/23/actualidad/1353699763_314441.html

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