Más teorías sobre la autoridad de una mujer bajo el nombre de Jack el Destripador: El último crimen de Jack el Destripador

Con la muerte y el atroz descuartizamiento de Mary Jane Kelly el asesino en serie más famoso de todos los tiempos frenó su negro historial

Tras un mes sin noticias de Jack el Destripador, los peores temores de los londinenses se hacían realidad el 9 de noviembre de 1888. En una destartalada habitación del mísero barrio de Whitechapel se descubría el cadáver mutilado de la joven Mary Jane Kelly, la última víctima oficial del más famoso asesino en serie británico.

La joven irlandesa fue asesinada en Miller’s Court cuando apenas tenía 25 años. Uno de los policías enviados al lugar afirmó que era «con mucho, la más horrible carnicería cometida por este loco inhumano». Según los médicos de la época, el sádico criminal empleó casi tres horas en descuartizar a la prostituta. Era la quinta mujer que aparecía cruelmente asesinada, tras Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Striver y Catherine Eddower y la más joven de todas ellas. Todas mujeres de la calle, asesinadas de noche en el mismo barrio.

Aunque hubo muertes anteriores como la de Martha Turner y posteriores como la de Alice McKenzie o Frances Coles, la investigación policial consideró que solo estas cinco llevaban la firma incuestionable de Jack el Destripador.

El último crimen de Jack el Destripador

Mary Jane Kelly

A todas mutiló con rapidez y cierta habilidad quirúrgica, pero a Mary Jane Kelly le arrancó además el corazón, que nunca se llegó a encontrar. Ese detalle dio pie a la teoría del criminólogo Richard Herd, que en 1955 señalaba a una mujer como autora de los terribles crímenes. Se trataría, en su opinión, de una enfermera casada con un exmarinero que se habría enamorado de Kelly y que al saberlo enloqueció y mató a las mujeres hasta dar con la amante, de ahí las espantosas mutilaciones. Ya por aquel entonces, sir Arthur Conan Doyle, creador del célebre Sherlock Holmes, ya había apuntado la posibilidad de que las muertes hubieran sido cometidas por una mano femenina.

También apunta a una mujer John Morris, autor del libro «Jack el Destripador: la mano de una mujer» publicado recientemente, pero cree que fue Elizabeth Williams, la esposa del médico John Williams, al enterarse de que éste mantuvo un idilio con Mary Jean Kelly. Sus sospechan se basan también en que en el escenario del crimen se encontraron prendas de mujer que no pertenecían a la víctima. El hecho de que Jack el Destripador extrajera el útero a tres de sus víctimas y se ensañara sin tener contacto sexual con ellas cuadraría a su juicio con esta versión, pues la mujer del doctor no podía tener hijos.

El último crimen de Jack el Destripador

Retrato-robot

Expertos de Scotland Yark realizaron en 2006 un retrato robot por ordenador a partir de los testimonios de las trece personas que en la segunda mitad de 1888 aseguraron haber visto al asesino que no se corresponde con esa idea. Jack el Destripador sería un hombre de entre 25 y 35 años, que medía casi 1,70 metros, con el pelo corto, rostro anguloso y un poblado bigote oscuro, que habría vivido en la misma zona donde cometió sus crímenes.

Una anotación en un libro sobre el caso expuesto en el Museo del Crimen de Scotland Yard realizada por uno de los agentes que participaron en la investigación apunta un nombre: Aaron Kosminski, un judío polaco, peluquero de profesión que llegó a ser identificado por otra persona que después se negó a testificar. Kosminski se suicidó en un manicomio.

Más de un centenar de teorías

Es uno de los nombres que se han barajado a lo largo de más de un siglo de elucubraciones sobre la identidad del asesino en serie más famoso del mundo y que han arrojadohasta 175 posibles sospechosos. Entre los más conocidos se encuentra Montague John Druitt, un abogado y profesor de colegio que se suicidó un mes después del asesinato de Kelly; Michael Ostrog, un ladrón y estafador ruso que pasó por varios manicomios; Francis J. Tumblety, un pretendido médico de origen norteamericano.

El más controvertido de todos los sospechosos es el Príncipe Alberto Víctor, duque de Clarence y nieto de la reina Victoria, cuyo nombre apareció posteriormente como instigador de las muertes que habrían sido cometidas por una logia masónica. Según esta teoría, el príncipe se habría casado en secreto con una joven irlandesa llamada Annie Elizabeth Crook y Marie Jean Kelly habría sido testigo de la boda de la que nació una niña. Es la teoría que expuso Stephen Knight en «Jack el Destripador. La solución definitiva».

En esta versión de los hechos estaría implicado el pintor impresionista británico Walter Sickert como parte de la trama. La autora Patricia Cornwell fue más allá en 2002 y apuntó al artista al señalar que se habría inspirado en sus propias vivencias para pintar cuatro cuadros tenebrosos que presentan un hombre junto al cuerpo desnudo de una mujer.

El despliegue informativo que obtuvo El Destripador en la prensa de la época llevó a pensar también en que ni siquiera existió como tal y no fue más que un invento de la prensa. El historiador Andrew Cook apuntó al diario «Star» como el gran responsable de la teoría del asesino en serie. Pero esta hipótesis tampoco respondía a una de las preguntas que siempre han rodeado el caso: ¿Por qué Jack el Destripador dejó de actuar tras el asesinato de Kelly? ¿Fue detenido por otro delito y nunca se destapó su verdadera identidad? ¿Falleció? ¿Emigró?

Luis de Castresana publicaba en Blanco y Negro un extenso reportaje hace 30 años en el que apuntaba a un barbero-cirujano ruso llamado Pedachenko, cuyo verdadero nombre sería Vassili Konozlov, que odiaría a las prostitutas por haber hecho sufrir a uno de sus parientes y encajaría con las descripciones que se hicieron entonces. Así lo señalaría un documento de la Policía zarista de 1909: «Vassili Konozlov, alias Alexei Pedachenko, alias Andrei Luikovo, que residió en Tver, es ahora declarado oficialmente muerto. Fue perseguido por el asesinato de una mujer en el distrito parisino de Montmartre en 1886, por el asesinato de cinco mujeres en el East End de Londres en 1888 y por el asesinato de una mujer en Petrogrado en 1891». El documento indicaría además que vestía ropas femeninas cuando fue detenido tras su último crimen y recluido en un manicomio donde falleció a finales de 1908 o comienzos de 1909.

La «solución Pedachenko», que llegó a relacionar a Jack el Destripador con Rasputín y surgió a raíz del libro «Things I Know» publicado por William LeQueux en 1928, nunca pudo probarse. Es una hipótesis más sobre el sádico asesino que, por fortuna, ya solo atormenta en sueños o en el cine. «Para la mayoría de la gente personifica el temor que todos tenemos a quien puede acecharnos en la oscuridad, a eso contra lo cual no tenemos defensa», señalaba a la BBC Paul Begg, autor del libro «Jack el Destripador: Los Hechos».

La leyenda que echó por tierra la investigación

A finales del siglo XIX se creía que las retinas de los muertos conservaban la imagen de la última persona que vieron antes de morir. De ahí que Scotland Yard fotografiara los ojos abiertos de Mary Jane Kelly para identificar al asesino. El experimento oficial sirvió para destruir la leyenda.
 

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