La momia de Prim será restaurada

Criminólogos y forenses participarán en la recuperación del cuerpo para su exposición en el mausoleo de Reus en su bicentenario, en 2014 .

Un equipo de científicos restaurará la momia del general Prim, que se encuentra en Reus, gracias al acuerdo que firmarán el ayuntamiento de esta localidad, la Universidad Camilo José Cela de Madrid y la Diputación de Tarragona, entre otros organismos. Este proyecto tiene por objetivo rehabilitar el mausoleo y proteger la momia en plena preparación del bicentenario del nacimiento del célebre militar y estadista que cambió la historia de España en el siglo XIX.

Los acuerdos permitirán hacer un análisis forense del cuerpo y efectuar una restauración que dé las máximas garantías de conservación de la momia, depositada desde hace año y medio en el tanatorio de Reus a la espera de la rehabilitación del mausoleo. El equipo científico está liderado por el director del Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela de Madrid, Francisco Pérez Abellán, y contará con profesionales de prestigio de las universidades de Granada, Valencia, Complutense y Politécnica de Madrid. Este grupo multidisciplinar estará integrado por antropólogos, médicos forenses, criminólogos e historiadores. Paralelamente a la conservación del cuerpo, la Diputación de Tarragona ha hecho público su compromiso de financiar las obras de rehabilitación del mausoleo, un proyecto bloqueado desde hace más de año y medio por falta de fondos.

El objetivo es que tanto la conservación de la momia como la restauración del mausoleo estén terminados en 2014, a punto para la conmemoración de los 200 años del nacimiento del hijo ilustre de Reus.

El cuerpo del general ha sufrido una gran degradación en los últimos años, acelerada por el plomo que contenía el ataúd original, expuesto durante casi cuatro décadas en el mausoleo del cementerio de Reus y protegido hace algunos años con una cristalera para mantener estables la temperatura y la humedad. Juan Prim, nacido en Reus en 1814 y asesinado en Madrid en 1870, fue un destacado militar y político progresista que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros. Luchó en la primera guerra carlista como voluntario en el bando isabelino y más tarde en la guerra de África, donde mostró relevantes dotes de mando, valor y temeridad. Participó activamente en diversas conjuras para derrocar a Isabel II y, tras la revolución de 1868, se convirtió en uno de los hombres más influyentes de España, patrocinando la entronización de la Casa de Saboya en la persona de Amadeo I. Murió asesinado poco después en un atentado cuya autoría sigue levantando hipótesis en la actualidad, algunas tan sugestivas como una traición de sus propios compañeros masones.

Link: http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20120602/sociedad/momia-prim-sera-restaurada-20120602.html

VENGANZA ENTRE MASONES: 
EL MAGNICIDIO DEL GENERAL PRIM

En España, país de misterios, todavía está por resolver la identidad del culpable intelectual (se dice hoy) que dio la orden de perpetrar el magnicidio que el 30 de diciembre de 1870 costó la vida al reusense D. Juan Prim y Prats, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, uno de los artífices de la Revolución de 1868 que arrancó del trono a la reina ilegítima Isabel II. El atentado de la calle del Turco (calle Marqués de Cubas, en el actual callejero matritense) es una incógnita en cuanto a sus autores últimos, al igual que el 11-M. En vísperas del atentado, se ultimaban los preparativos de bienvenida para Amadeo I de Saboya que, tras dilatadas negociaciones, había aceptado ocupar el trono vacante a propuesta del mismo General Prim.


LOS HECHOS

En el trayecto que media entre el Congreso de los Diputados y el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista), una fosca tarde noche de nieve invernal, la berlina que llevaba al General Prim se ve interceptada cuando transita por la calle del Turco: dos carruajes obturaban la angosta calle, por lo que el cochero tuvo que parar. El coronel Moya que acompañaba a Prim se asoma, para ver lo que pasa y descubre a tres sujetos que avanzan armados hacia el coche en que están. No hubo tiempo para más, pues los sicarios abrieron fuego: tres tiros por la banda izquierda y dos por la derecha, incluso uno de los escopeteros introdujo el cañón en el interior del coche y disparó a quemarropa contra Prim. El cochero actúa, blande su látigo contra los asesinos y logra salir de la emboscada. Prim, herido, subió por su propio pie a su casa. Hubo que amputarle la primera falange del anular. Eran ocho las balas que le habían entrado en la carne. Las heridas no eran de consideración, pero se infectaron, causándole la muerte tres días después de haber sido baleado.

SE BARAJAN RESPONSABLES

El Duque de Montpensier y el General Serrano, regente a la sazón en el interregno, hasta la llegada de Amadeo I de Saboya, fueron hallados como posibles instigadores según algunos indicios. También se culpó al republicano José Paúl y Angulo. Pero, ¿qué sabemos de José Paúl y Angulo?

JOSÉ PAÚL Y ANGULO, EL TONTO ÚTIL DE LOS LISTOS OCULTOS

José Paúl y Angulo nació en Jerez de la Frontera en 1833 y era un republicano exacerbado. Como tal, miembro de la masonería. Había sido uno de los más abnegados artífices de la revolución septembrina de 1868. Ciertas desavenencias con el General Prim, tanto por razones políticas como por motivos crematísticos, terminaron justificando su animadversión declarada, una vez que se supo que todo estaba dispuesto para que Amadeo de Saboya viniera a España, convirtiéndose en “rey democrático”. Aquello era más de lo que podía soportar el febril republicano Paúl y Angulo. Paúl y Angulo, poco dado a discreciones, aireó en su periódico EL COMBATE todo el odio que sentía por Prim.

Quien quería acabar con la vida de Prim encontró en Paúl y Angulo, por fin, a su hombre idóneo. Se le promocionó a la presidencia de la sociedad secreta “El Tiro Nacional” corriendo el año 1870, vinculada a la masonería. En sesión celebrada la noche del 16 de noviembre de 1870, horas después de saberse que el trono de España sería ocupado por Amadeo de Saboya, los miembros de “El Tiro Nacional” resolvieron el asesinato de Prim. Durante días y días, EL COMBATE no ocultó las intenciones magnicidas de su director-propietario.

Paúl y Angulo participaría en el crimen de la calle del Turco. Tras cometer el atentado, se refugió en una casa cómplice sita en la calle de la Abada. Allí permaneció escondido durante dos días hasta que pudo escapar al extranjero, contando con los oficios de sus hermanos masones. La red masónica le prestó todo su apoyo para que se pusiera a salvo de la justicia española.

Pero, aunque con el tiempo se pudo despejar el enigma sobre la identidad de los criminales materiales, sabiéndose a ciencia cierta que el mismo Paúl y Angulo no sólo organizó el complot, sino que participó disparando su arma, todavía está por desvelarse quién o quiénes decretaron la muerte de Prim. En un alegato que años después escribió Paúl y Angulo en París, para descargarse las responsabilidades que se le achacaban, culpó a los partidarios del Duque de Montpensier, incluso llegó a indicar al general Serrano como autor “intelectual” (se dice hoy) del crimen. Se supo que un pariente del general Serrano había reclutado a dos buenos tiradores de Andújar, facilitándoles su desplazamiento a Madrid para cometer el atentado. Y que estos dos avezados escopeteros, cazadores furtivos para más señales, acabaron sus días de un modo violento y misterioso.

Según comenta el conde de Romanones:

Sagasta, ministro de la Gobernación el 27 de diciembre [fecha del atentado], guardó toda su vida impenetrable silencio sobre el asesinato de Prim; cuando alguien se arriesgaba a interrogarle, no ocultaba su contrariedad en términos que al interlocutor no le quedaban ánimos para insistir“.

Práxedes Mateo Sagasta sería Gran Maestre y Soberano Gran Comendador del Gran Oriente de España, simultaneando sus cargos masónicos con los más altos cargos políticos al frente del gobierno de España; y justo en una época en que España perdió Cuba y Filipinas -en próximas ocasiones, si Dios quiere, veremos si fue una simple casualidad. Sabiendo leer entre líneas el párrafo del conde de Romanones, podemos decir que Sagasta se fue a la tumba sabiendo quién y por qué razón -por mucho que el mismo Sagasta no la compartiera- había dictado el asesinato de D. Juan Prim y Prats.

Hacemos bien en pensar que no otra que la ley del silencio [la ley de la omertà mafiosa], ley que rige inflexible los secretos de la masonería, impedía desatar la lengua a Sagasta.

Link: http://cachidiablo.blogspot.com.es/2011/04/victimas-de-la-masoneria_12.html

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. José Mª Fontana
    Ene 20, 2014 @ 11:29:43

    Que manía tenemos los españoles con la masonería. En aquella época ser masón era lo más normal, como lo sigue siendo en otros lugares de Europa. A Prim lo mató Serrano y sus “chicos”, Montpenesier lo había intentado pero se separó del asunto el 16 de noviembre de 1870. Paul y Angulo no intervino en nada y los poderosos le cargaron el marrón. Lea mi libro “El magnicidio del general Prim. Los verdaderos asesinos” editorial Akron/Historia. Creo que le gustará.
    José Mª Fontana Bertrán.

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