Muere el británico asesino en serie de homosexuales

 

Colin Ireland

Biografía

Colin Ireland, autor confeso de cinco asesinatos.

Cuando Ireland vino al mundo, sus padres eran solo dos adolescentes y no estaban casados. Con 17 años, su madre descubrió que estaba embarazada y su padre, que no quería tener nada que ver, la abandonó de inmediato. Aunque disgustada, la madre de Ireland se mantuvo firme en su deseo de tener el bebé. La criatura nació el 16 de marzo de 1954 en el hospital West Hill de Dartford, condado de Kent. Su madre se negó a incluir el nombre del padre en el certificado de nacimiento y, hasta la fecha, Ireland no sabe nada de él.

Su madre trabajaba de dependienta en una tienda de periódicos por un sueldo tan exiguo que resultaba extremadamente difícil mantener al niño. Por fortuna, sus padres eran comprensivos y accedieron a que ella y Ireland se mudaran con ellos y el hermano de ella a la casa familiar en Myrtle Road, Dartford. Vivieron allí durante cinco años, hasta que, en 1959, la madre de Ireland decidió que necesitaba mayor independencia y se trasladó con su hijo a Birch Road, Gravesend.

Este fue el comienzo de seis años de altibajos tanto físicos como emocionales. En ese periodo, se mudaron en nueve ocasiones. La madre de Ireland no tenía formación y dependía de trabajos a tiempo parcial y mal pagados. Se esforzaba de forma desesperada por proporcionarle a su hijo una casa decente y un ambiente estable para educarlo. Como no lo conseguía, volvieron a vivir con su familia un año después.

En 1960, se mudaron a Sidcup, Kent; y ese mismo año, más tarde, a Westmalling, un campamento formado por cabañas de madera para mujeres y niños sin hogar, en Maidstone. Tras solo tres meses en este alojamiento, que se asemejaba bastante a una prisión, Ireland y su madre regresaron, una vez más, a la casa familiar. Su madre encontró una nueva pareja, que, en 1961, los acompañó a Farnol Road, Dartford, donde residieron los tres años siguientes. La pareja contrajo matrimonio y Ireland pasó a apellidarse Saker. Electricista de oficio, Saker tenía buen sentido del humor y trataba bien a Ireland, pero no se caracterizaba por ser el más responsable de los padres: trabajaba esporádicamente, por lo que la economía familiar era inestable.

Para Ireland, las constantes mudanzas acarrearon grandes dificultades de adaptación a la vida escolar. Entre los cinco y los diez años, asistió a seis colegios distintos. Siempre era el chico nuevo y el “bicho raro”: delgado, larguirucho y patizambo, blanco de numerosos insultos y víctima de acoso escolar. Ireland empezó a faltar a clase cada vez con más frecuencia, a menudo con el permiso de su madre. Cuando iba al colegio, siempre llegaba tarde, por lo que lo castigaban golpeándole con una vara. Posteriormente, declaró: “El castigo por impuntualidad reiterada era la vara; estoy sorprendido de haberme convertido en sádico y no en masoquista”.

Como consecuencia, no recibió una educación adecuada y tuvo que luchar para conseguir llegar al instituto. Ireland se convirtió en un chico triste, solitario y retraído, siempre alejado de la acción. Escogía a sus amigos, que eran pocos, entre los chicos que no percibía como una amenaza. Ireland era, además, algo inmaduro para su edad. Su aspecto no era muy atlético y nunca formó parte de los equipos de fútbol o cricket del colegio; aunque sí que fue miembro de los “Cadetes del Mar” durante dos años, uno de los pocos hechos destacados en su juventud.

En 1964, cuando tenía 10 años, Ireland y su familia fueron desahuciados de su casa de Farnol Road por no pagar el alquiler. Su madre y él regresaron a Westmalling y, como no se admitían hombres, su padrastro tuvo que mudarse con sus padres. Ese mismo año, la madre de Ireland descubrió que estaba embarazada de nuevo. Pese a su extrema situación económica, también en esta ocasión estaba decidida a quedarse con el bebé. Para poder hacerlo, dejó a Ireland al cuidado de una familia de acogida en Wainscott, Kent. Ireland recuerda este periodo como una época muy normal. Poco después del nacimiento de su segundo hijo, la madre de Ireland y su padrastro regresaron a West Kingsdown y lo llevaron a vivir con ellos de nuevo. Poco después, Saker los abandonó y los volvió a dejar en la miseria.

En estos tiempos revueltos, Ireland siempre mantuvo una relación estrecha con su madre, a la que recuerda como una mujer cariñosa y benévola, que hizo sacrificios personales para poder vestir y alimentar a sus hijos. En 1966, cuando Ireland tenía doce años, su madre conoció a otro hombre y se casó de nuevo. Decidió no tomar el apellido de su nuevo esposo y volver a apellidarse Ireland, su nombre de soltera. La familia se trasladó a Clyde Street, Sheerness, en Kent, donde residieron durante cinco años. El matrimonio resultó ser duradero y estable; y el segundo padrastro de Ireland, un hombre afectuoso que cuidaba de su familia y que dio a su mujer la vida que merecía.

Mientras vivía en Sheerness, Ireland recibió en cuatro ocasiones proposiciones sexuales por parte de hombres mayores. El primero de estos encuentros se produjo cuando trabajaba en una feria durante las vacaciones de verano. Uno de los feriantes le ofreció un collar para su madre a cambio de sus favores sexuales. El segundo, cuando tenía doce años, fue en un baño público. Se encontraba en un cubículo y un hombre joven, de unos 20 años, se quedó mirándolo por encima del muro. Aunque no le dijo ni palabra, fue un acontecimiento realmente perturbador para el joven. El tercer incidente tuvo lugar mientras veía una película en el cine. Se le acercó el óptico del pueblo reclamando favores sexuales. La cuarta situación se dio con un hombre que trabajaba en una tienda de segunda mano. Aunque Ireland resistió las insinuaciones en todas las ocasiones y no se produjo ningún contacto sexual, estos hechos lo afectaron y llenaron de odio y de la sensación de haber sido violado. No tenía válvula de escape para estos sentimientos, que no llegarían a abandonarlo.

Los crímenes

A los 16 años, en 1970, Ireland cometió su primer crimen. La infelicidad que dominaba su vida escolar y familiar lo llevó a fugarse a Londres. Necesitaba dinero para el viaje, así que robó las cuatro libras que necesitaba… pero le cogieron. Se dictó una orden de custodia provisional y lo enviaron a la escuela Finchton Manor School, en Kent. Se trataba de una escuela de pago con “libertad de expresión” en la que sólo se aceptaban niños con problemas emocionales e intelectuales. El gobierno del condado se hacía cargo de los gastos de Ireland como parte de la orden de custodia provisional.

Ireland volvió a sufrir acoso escolar y, como muestra de su frustración y ansias de venganza, prendió fuego a las pertenencias de uno de sus compañeros. Este fue su primer incendio, aunque más tarde admitió que, desde pequeño, tuvo un interés inusual por el fuego y sufrió pesadillas recurrentes relacionadas con este elemento durante toda su vida. Un profesor consiguió sofocar el fuego y Ireland abandonó Finchton Manor con un trabajador social, aunque no se presentaron cargos en su contra. El joven volvió a huir de inmediato a Londres.

Sin hogar ni dinero, Ireland no tardó en recurrir a la delincuencia y cometió algunos atracos. A los 17 años, la policía lo atrapó y un juez decretó su reclusión en Hollesly Bay, un reformatorio para jóvenes de entre 16 y 22 años que ofrecía terapia y formación profesional. Ireland odiaba estar en el reformatorio y, una mañana de verano poco después de su ingreso, consiguió fugarse. La policía lo encontró rápidamente y tuvo que cumplir el resto de su condena, de 1971 a 1972, en los reformatorios de Rochester y Grendon, mucho más estrictos que Hollesly Bay.

A los 18 años fue puesto en libertad y conoció a su primera novia, a pesar de lo cual afirma que por entonces se sentía confundido e insatisfecho, y declara que «estaba entrando en lo que llamo el periodo perdido, común en aquellos que padecen psicopatías… La mayor parte de la década de los setenta fue algo borrosa, entre entradas y salidas de la cárcel, me pasaba el tiempo indiferente y lleno de dudas».

En diciembre de 1975, con 21 años, Ireland fue declarado culpable de dos cargos de robo con allanamiento, robo de vehículo y daños materiales, por los que fue condenado a 18 meses en prisión. Cumplió doce meses de la condena en algunas de las abarrotadas cárceles londinenses antes de que lo trasladasen a la prisión de Lewes. Cuando salió en libertad, en noviembre de 1976, Ireland se trasladó a Swindon. Allí conoció a su segunda novia y comenzó su primera relación sexual. Se trataba de una mujer negra de origen antillano, cinco años mayor que él y madre de cuatro niños. Vivieron juntos durante algunos meses y planearon casarse, aunque nunca llegaron a hacerlo.

En 1977, Ireland fue declarado culpable de un delito de amenazas y condenado a otros 18 meses de prisión. Este patrón se repitió y lo condenaron a dos años de prisión por robo con violencia en 1980, dos meses por intento de estafa en 1981 y seis meses por preparación para la comisión de una estafa en 1985. Entre sus estancias en prisión, Ireland, que no tenía estudios, aceptaba cualquier trabajo que encontraba: desde bombero voluntario, pasando por chef, hasta voluntario en un refugio para personas sin hogar o portero en varios bares, entre ellos un club de ambiente.

Durante una de sus temporadas de chef en Londres, Ireland conoció a Virginia Zammit en una conferencia sobre supervivencia en situaciones especiales, en 1981. Ella tenía 36 años (nueve más que él) y una hija de cinco; además, estaba condenada a vivir en silla de ruedas por un accidente de coche que la paralizó cuando tenía 24 años. La pareja contrajo matrimonio en 1982. Ireland adoraba a su mujer y a su hijastra. La familia residía en una vivienda de protección oficial en Holloway, donde los vecinos conocían a Ireland como «el gigante amable». Por desgracia, la felicidad y estabilidad no duraron mucho: Ireland volvió a ingresar en prisión y se volvió aún más agresivo. La pareja se divorció en 1987 porque Ireland reconoció haber tenido una aventura con otra mujer.

En 1989, Ireland conoció a Janet Young, la dueña del pub Globe de Buckfast, condado de Devon. Tenía dos niños, de 11 y 13 años, con los que vivía en el piso superior al pub. Una semana después de conocerse, Ireland se mudó a la casa de Young y, tres meses más tarde, se casaron en el Registro Civil de Newton Abbot. Todo parecía ir bien, pero, cuatro meses después de casarse, Ireland se llevó a su mujer y sus hijos a Margate para visitar a su madre. Cuando llegaron, cogió el coche de su mujer, sacó el dinero de la cuenta común y desapareció.

En 1991, con dos matrimonios frustrados a sus espaldas, se trasladó a Southend-on-Sea, condado de Essex, a apenas 60 km del este de Londres, en la orilla norte del estuario del río Támesis. Allí trabajó en un refugio para indigentes, siendo él mismo uno de ellos. En el refugio lo apreciaban y él sentía empatía por la gente que iba conociendo. En diciembre de 1992, algunos miembros del personal empezaron a acusarlo de forma infundada, lo que le llevó a dimitir. Cada vez se sentía más frustrado por la ausencia de rumbo en su vida, además de cansado de tener que estar continuamente buscando trabajos de poca monta.

A comienzos de 1993, con 39 años, un Ireland tenso y lleno de rabia, que, hasta el momento, sólo había cometido delitos menores, se planteó como propósito de año nuevo el convertirse en asesino en serie. Estaba fascinado por los asesinos en serie y pasaba horas estudiándolos en detalle. Conocía la técnica del perfil geográfico, que ayuda a los investigadores a localizar a los asesinos, quienes, normalmente, cometen sus crímenes dentro de un radio determinado (unos 11 km) de su residencia. Por este motivo, Ireland escogió Londres como su “campo de acción criminal”, con la intención de confundir a la policía y mantenerlos lejos de su casa de Southend-on-Sea.

El pub Coleherne de Brompton Road, en la zona oeste de Londres, tenía fama dentro de la comunidad gay de ser un lugar donde resultaba fácil encontrar compañía para la noche. Los clientes llevaban pañuelos de diferente color según sus tendencias sexuales, lo que facilitaba la búsqueda y evitaba malentendidos. Ireland declaró: “Fui al Coleherne esa noche y pensé que si me abordaba alguno del grupo que despertara ciertos sentimientos en mí (hombres masoquistas), probablemente cometiera un asesinato”.

Ireland empezó a frecuentar el Coleherne, donde se hacía pasar por activo (pareja dominante/amo sadomasoquista). De esta guisa, el 8 de marzo de 1993 conoció a su primera víctima, Peter Walker, un coreógrafo de 45 años. Walker, que era pasivo (pareja sumisa/esclavo sadomasoquista), se acercó a Ireland en el pub, que abandonaron juntos en dirección al apartamento de Walker en Battersea. Walker permitió que Ireland le colocara una mordaza elaborada con condones anudados y que lo atara con cuerdas al dosel de la cama, ya que pensaba que se trataba de juegos preliminares, que no tardaron en resultarle excesivamente violentos. Ireland iba provisto de un kit de asesinar que contenía cuerda, un cuchillo, un par de guantes y ropa para cambiarse. Con su víctima indefensa, Ireland empleó una correa de perro, un cinturón y sus propios puños para propinarle una paliza salvaje y, en el momento álgido de su furia, introdujo la cabeza de Walker en una bolsa de plástico y lo asfixió.

Tras quemar el vello púbico de su víctima, pues tenía curiosidad por saber cómo olía, Ireland limpió el apartamento a conciencia y se deshizo de todo aquello que pudiera relacionarlo con el crimen. Precisamente, cuando registraba los efectos personales de Walker, descubrió que este era seropositivo. El descubrimiento lo indignó de tal manera que le introdujo un condón en la boca y otro en la nariz al cadáver. Además, dejó dos ositos de peluche imitando una posición sexual (el 69) en la cama junto al cadáver de Walker.

Preocupado por la posibilidad de que los vecinos sospechasen, Ireland se quedó en el apartamento de Walker hasta la mañana siguiente. Fue a su casa de Southend en transporte público, mezclándose entre la masa de trabajadores que viajaban en hora punta. Se deshizo de la ropa, los guantes y los zapatos que había usado para cometer el crimen tirándolos por la ventanilla del tren dentro de los límites del sistema de transportes de Londres, algo que repetiría en todos sus crímenes. Ireland había encerrado los perros de Walker en una de las habitaciones del apartamento antes de asesinarlo y, ese mismo día, llamó a la protectora de animales Pet Samaritans y les dijo dónde estaban los perros para que los liberaran. Más adelante, se llegaría a pensar que realizó esta llamada para guiar indirectamente a las autoridades a su primera víctima.

La policía no tardó en descubrir el cuerpo de Walker, pero no encontraron pruebas que los ayudaran en la investigación. Asumieron que se trataba de un juego sexual sadomasoquista que llegó demasiado lejos, por lo que acudieron a la comunidad gay. Allí no encontraron mucha colaboración, principalmente por dos motivos: en primer lugar, la policía no tenía buena fama en ese entorno, ya que, a menudo, se hacía caso omiso de los crímenes y abusos relacionados con la comunidad gay; y en segundo lugar, el día antes de encontrar el cuerpo de Walker, se había hecho pública una nueva resolución que declaraba ilegales las prácticas sadomasoquistas consentidas entre adultos. Ningún hombre gay quería ofrecer información, por si se terminaba por acusarlo a él.

Después de un descanso de dos meses, Ireland sintió la necesidad de matar de nuevo y volvió al pub Coleherne el 28 de mayo de 1993 para buscar a su segunda víctima. El elegido fue un bibliotecario de 37 años, Christopher Dunn, que le contó a Ireland que le gustaba ser dominado y lo invitó a su piso en Wealdstone. Después de ver un vídeo sadomasoquista, Ireland le propuso a Dunn que se preparara. Encontró a Dunn en el dormitorio, desnudo casi por completo: sólo llevaba un cinturón con tachuelas y un arnés. El modus operandi fue prácticamente igual que en la ocasión anterior. Hizo que Dunn se tumbara boca abajo en la cama, le ató los pies y le puso unas esposas. Golpeó y torturó a su víctima, quemándole los testículos con un mechero antes de asfixiarle metiéndole trozos de tela en la boca.

Esta vez, Ireland decidió recuperar lo invertido en los asesinatos, ya que estaba en paro y viviendo gracias a las prestaciones sociales. Antes de asesinarlo, obligó a Dunn a entregarle su tarjeta de débito y el número secreto. Después de limpiar la escena del crimen, se quedó en el piso hasta que pensó que era seguro abandonarlo. Entonces, se deshizo de los guantes y zapatos que llevaba y fue al banco de Dunn, de cuya cuenta retiró 200 libras. Dos días después del asesinato, un amigo descubrió el cadáver de Dunn, el 30 de mayo de 1993. Una vez más, la policía asumió que se trataba de un juego sexual que terminó mal y no estableció de manera inmediata una relación entre las muertes de Dunn y Walker.

La sed de sangre de Ireland era cada vez mayor y, solo seis días después de su último asesinato, el 4 de junio de 1993, regresó al Coleherne en busca de su tercera víctima. El escogido fue Perry Bradley III, hombre de negocios tejano de 35 años, hijo de un congresista estadounidense en activo. Ireland lo acompañó a su apartamento en Kensington y pronto le propuso atarlo a modo de juego preliminar. Bradley se mostró reacio, ya que no practicaba el sadomasoquismo, pero cedió cuando Ireland le confesó que lo necesitaba para excitarse. Por fin, ató a Bradley, que estaba boca abajo sobre la cama, y le rodeó el cuello con un lazo. Entonces, le exigió la tarjeta de débito y el PIN, amenazándolo con torturarlo con un mechero si no se los proporcionaba. Un atemorizado Bradley se ofreció a acompañarle al cajero, pero Ireland rechazó la propuesta y le obligó a darle el PIN y a dormirse, lo que sorprendentemente hizo. Mientras dormía, Ireland lo asesinó apretando lentamente el lazo. Colocó una muñeca sobre el cuerpo sin vida de Bradley.

Tras realizar su habitual y concienzudo registro y limpieza, abandonó el apartamento la mañana siguiente con 100 libras que había encontrado y fue al banco para retirar otros 200 de la cuenta de su víctima. Una vez más, la policía no llegó a relacionar el asesinato con los de Dunn y Walker.

Ireland estaba cada vez más frustrado por la incapacidad de la policía para relacionar sus tres primeros asesinatos y la escasa publicidad que estaban recibiendo. Quería ser famoso, por lo que, tan solo tres días después, decidió matar de nuevo. El 7 de junio de 1993 volvió al Coleherne, donde conoció a su cuarta víctima, Andrew Collier, un hombre de 33 años que trabajaba de encargado en un complejo de viviendas vigiladas para ancianos y minusválidos. Fueron al apartamento de Collier en Dalston, donde éste consintió en ser atado a la cama y esposado. De nuevo, Ireland le exigió que le diera su tarjeta bancaria y el PIN; cuando Collier se negó, lo estranguló con un lazo.

En el registro y limpieza del piso, Ireland descubrió que Collier era seropositivo y no se lo había dicho. La furia lo invadió y le condujo a quemar varias partes del cadáver de Collier y a estrangular a su gato. Para humillar a la víctima, puso un preservativo en el pene de Collier y otro en la cola del gato, y colocó al gato de forma que el pene de Collier quedara en la boca del animal y la cola, en la boca de Collier. Ireland se llevó una taza que había usado y 70 libras que había encontrado en el piso. Abandonó el lugar a la mañana siguiente, en hora punta.

La policía, por fin, relacionó dos de los asesinatos, el de Walker y el de Collier, dadas las similitudes entre ambas escenas del crimen, así como el extraño uso de los condones. Empezaron a sospechar que se trataba de un asesino en serie y a reunir información sobre asesinatos similares en la zona de Londres. Además, habían obtenido un juego de huellas digitales del marco de una ventana del piso de Collier; más tarde descubrieron que se trataba de las huellas de Ireland.

El 12 de junio de 1993, Ireland llamó a la policía de Kensington: reivindicó los asesinatos de cuatro hombres y les dijo que debían evitar que matara de nuevo. A continuación, telefoneó a la policía de Battersea y preguntó si estaban interesados en el asesinato de Peter Walker y por qué habían interrumpido la investigación. Afirmó que mataría de nuevo porque siempre había soñado con cometer el asesinato perfecto.

La quinta y última víctima de Ireland fue un chef maltés de 41 años, Emanuel Spiteri, aficionado a enfundarse en prendas de cuero. La noche del 12 de junio 1993 se conocieron en el Coleherne y se dirigieron, haciendo varios transbordos en tren, al piso de Spiteri en Catford. Nada más llegar, Ireland ató a Spiteri a la cama, le puso unas esposas y un lazo al cuello, y le exigió la tarjeta de débito y el PIN. A continuación, Ireland lo estranguló con el lazo. Limpió el piso y se quedó viendo la televisión hasta la mañana siguiente, cuando creyó que era seguro abandonar el lugar. No obstante, antes de irse, intentó prender fuego al piso. Esperaba que se incendiara todo el edificio, pero el fuego se extinguió en el dormitorio de Spiteri, donde se había originado.

Con un balance de cuatro asesinatos en 17 días, el 13 de junio de 1993, Ireland telefoneó a la policía para que localizaran un lugar en la zona sur de Londres donde se hubiera producido un incendio. Asimismo, les contó que había leído muchos libros sobre asesinos en serie y que, para ser considerado de tal forma por el FBI, se debían cometer cinco asesinatos. Afirmó que ahora podía parar, pues ya había matado en cinco ocasiones, a lo que añadió que solo quería comprobar si era posible hacerlo y que, probablemente, no lo repetiría. El 15 de junio de 1993, la casera de Spiteri telefoneó a la policía para informar de su muerte.

Link: http://crimeneinvestigacion.com/crimen/criminales/colin-ireland/crimenes/

 

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