Libro: ‘Arrugas’ de Paco Roca

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Dice Álvaro Pons que Arrugas, Premio Nacional de Cómic 2008, es una muestra de que la narrativa gráfica puede expresar sentimientos que otros medios no plasmarían. Y es cierto, siempre que el autor tenga un buen conocimiento de las posibilidades de su arte. Y Paco Roca lo demuestra en la composición de esta conmovedora historia, este diario en imágenes que documenta el agridulce desvanecerse que supone envejecer.

Emilio ha pasado de los setenta años y empieza a tener pérdidas de memoria. Su carácter se ha vuelto impredecible e irritable, por lo que sus hijos lo ingresan en una residencia de mayores. Allí comparte cuarto con Miguel, un jubilado pillo y socarrón que se divierte como puede a costa de los demás inquilinos. La rutina de su vida se rompe cuando Emilio descubre que su dolencia es el Alzheimer, y que pronto no podrá valerse por sí mismo. Pero Miguel no quiere darse por vencido y traza un plan para engañar a los médicos para evitar que se lleven a Emilio a la planta de impedidos.

El retrato del ecosistema de la residencia es el mayor acierto de este cómic. Roca mezcla a partes iguales el humor y la compasión en su variopinto retablo de ancianos. Cada uno pende de sus manías, cuando no demencias, particulares. Está el viejo verde que se finje sordo para meter mano a la enfermera, la que recolecta tubitos de ketchup para regalárselos a su nieto, el que cuenta siempre la misma batallita sobre sus días de atleta y una deliciosamente surrealista que teme que le rapten los marcianos si la dejan sola. Nos hacen reir, pero sólo para partirnos más profundamente el corazón.

La postura sobre la vejez se mueve entre el idealismo de Emilio o de Antonia, que buscan un sentido a su situación en el amor de la familia o las pequeñas distracciones de la vida en la residencia, frente al cinismo de Miguel, cuyas travesuras tienen un punto de crueldad hacia el resto de ancianos. La verdad, aprenden, está en un punto intermedio. La vejez es soledad, olvido y pérdida, pero tiene algo de borrón y cuenta nueva. Es un momento conmovedor cuando descubren que deben dejar de temer a la degeneración.

El factor que tiene protagonismo propio en la narración es el de la demencia senil, concretamente el caso de Alzheimer. Las viñetas de Roca nos internan en los universos privados en los que viven encerrados los ancianos, aquellos que los demás son incapaces de comprender. Vemos el mundo a través de sus ojos y entendemos porqué de repente Emilio olvida las palabras o porqué cree que tiene cuarenta años y tiene que entrar a trabajar. Mil palabras no valdrían muchas de esas imágenes. Volvemos a lo que plantea Pons: lo que otros medios pueden describir, el cómic lo ilustra.

El Alzheimer bajo el trazo de Roca es un fundido a blanco sobre el que se dibuja por un instante el rostro de un amigo. Hay mucho de metatextual en esta obra. El cómic es también un lucha de la imagen por sobreimponerse al blanco, la nulidad y el olvido. De todas las razones que hay para leer Arrugas esta no es la menor: que la imagen perdura porque es la sustancia del recuerdo, el único tiempo que nos pertenece de veras.

Arrugas.
Astiberri Ediciones, 2008

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