Talking t(T)urkey (hablando en serio)

Estoy pasando este fin de semana en Ditchley, una mansión del siglo XVIII a las afueras de Oxford usada para conferencias internacionales desde 1962 y uno de los refugios de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial. Con su jardín y parque, es un sitio perfecto para lanzar una nueva iniciativa para acercar los intereses del Reino Unido y Turquía, país que lleva desde 2005 negociando su entrada en la Unión Europea (con poco éxito hasta ahora por culpa de ambas partes) y cuya economía, en plena crisis europea, creció un impresionante 10% en los primeros seis meses de este año. El Reino Unido, igual que España, es un firme partidario del ingreso de Turquía en la UE si cumple las condiciones.

Conocida como British-Turkish Tatlidil (una palabra turca que significa hablar con buenas palabras), la iniciativa, presidida por Jack Straw, ministro de asuntos exteriores en el gobierno laborista entre 2001 y 2006, y Sir Julian Horn-Smith, es bastante similar a la de las British-Spanish Tertulias. Hay mucho que hablar: por cierto, la expresión inglesa, Talking turkey (literalmente hablando pavo, no hablando Turquía) quiere decir hablar en serio. Desconozco el origen de la expresión pero tal vez tiene que ver con el sonido de los pavos y la necesidad de eliminar los cumplidos de rigor y ir al grano.

Turquía ha sido gobernada desde 2002 por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), un partido con raíces islamistas que obtuvo su tercera y aplastante victoria en las elecciones de junio y pudo formar otro gobierno en solitario, aunque no consiguió escaños suficientes para poder reformar la Constitución (redactada por los militares después de su golpe en 1980) sin pactar con otros partidos.

Como bien dice Banu Eligür al principio de su fascinante libro, The Mobilization of Political Islam in Turkey (“La Movilización del Islam Político en Turquía”), publicado por Cambridge University Press, “Turquía es el único estado secular-democrático musulmán: la revolución de Atatürk (1923-38) relegó al Islam a la esfera privada; sin embargo, el Islam ha seguido siendo una fuerza activa en la sociedad turca.” Tanto que los secularistas más fervientes creen que el AKP, con ya nueve años en el poder, tiene un plan secreto para imponer la ley Sharia algún día.

Según Eligür, hay tres factores detrás del sorprendente auge del AKP: la aparición de una estructura de oportunidad política después del golpe de 1980 con la creación por los militares de la llamada “síntesis turco-islámica” (proclamaron la importancia de la religión en la vida política nacional para contrarrestar el comunismo); la presencia de empresarios devotos con recursos significativos de organización y otros medios y la expansión del atractivo del movimiento social islamista, con una capacidad de movilización impresionante vía redes sociales, más allá de islamistas devotos, a votantes seculares resentidos socio económicamente.

Hasta cierto punto la fuerte llegada del Islam político es también una repuesta al mal funcionamiento del estado turco y al corrupto sistema político.

El AKP es el último y más exitoso de una serie de partidos islamistas desde la fundación de la República en 1923 (otros fueron prohibidos de una manera u otra por los militares y la judicatura, bastiones del secularismo). Bajo el primer ministro Recep Tayyip Erdogan, el AKP ha transformado la economía (el ingreso per capita aumentó de 3.500 de dólares en 2002 a 9.000 en 2010), logrado más libertades democráticas, aunque insuficientes, y es el gran actor emergente de los países de la primavera árabe. Erdogan, el político mejor valorado en el mundo musulmán, fue recibido como un héroe durante su reciente gira por los países árabes que derrocaron a sus líderes.

Pero hay señales preocupantes de autoritarismo. Turquía mantiene a 57 periodistas en prisión, más que ningún otro país en el mundo, incluyendo China e Irán, según el International Press Institute; el Gobierno ha limitado el acceso a Youtube y el proceso por el supuesto intento golpista conocido como Ergenekon ha derivado en caza de brujas de opositores. Se está creando una sociedad basada en el temor. Y ha vuelto la violencia al conflicto kurdo.

Somos unas 80 personas entre turcos y británicos, incluyendo al Catherine Ashton, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, discutiendo estos y otros temas.

Con las negociaciones con la UE casi paralizadas y la creciente influencia de Ankara en varios países árabes, hace falta entablar diálogo con Turquía. ¡Ojalá que nuestras voces no suenen como el sonido de los pavos y que sirvan para algo!

Leer más: http://www.elimparcial.es/mundo/talking-tturkey-hablando-en-serio-92465.html

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