7 de julio de 1930 – muere Arthur Conan Doyle

 

“Tanto el detective Dupin como el policía Lecoq constituyeron dos importantes fuentes de inspiración para que Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) crease al detective más famoso de la historia de este género literario Sherlock Holmes. Es este uno de los casos en que el personaje trasciende al autor. Sherlock Holmes es el paradigma del detective dedicado única y exclusivamente a su arte, el arte del estudio, la observación y la resolución de problemas criminales, pequeños rompecabezas que mantienen al lector pendiente de las aventuras del detective y de su acompañante el Dr. Watson. La primera obra en que apareció nuestro famoso detective y su compañero el Dr. Watson es en “Estudio en Escarlata“ que vio la luz en 1887 en un modesto almanaque navideño después de haber sido rechazado en varias ocasiones por diversos editores.
A esta novela siguió en 1889 “El signo de los cuatro”. A partir de ese momento se publicaron en la revista mensual The Strand Magazine, en forma de novelas cortas, siguiendo la tradición de la novela folletinesca francesa. Así lo manifiesta el propio Conan Doyle en el prefacio a su obra “El archivo de Sherlock Holmes”: “El año 1891 fue cuando apareció en The Strand Magazine la primera de una larga serie de novelas cortas: Un escándalo en Bohemia. Los lectores gustaron de ellas y pidieron más: por eso se han ido publicando desde aquella fecha en serie discontinua que en la actualidad abarca no menos de cincuenta y seis novelas, reeditadas en las Aventuras, las Memorias, La reaparición y su Último saludo en el escenario.“
La popularidad que alcanzó Sherlock Holmes y su inseparable compañero el Doctor Watson fue tal que el éxito editorial estaba asegurado de antemano y el éxito que alcanzó el personaje impedía que su autor se dedicara a escribir cosas más serias, según sus propias palabras. Es por ello por lo que en las “Memorias de Sherlock Holmes” (1892) publicadas íntegramente en The Strand Magazine el autor decide dar muerte a su personaje cuando, “En el problema final”, luchando con su eterno enemigo el profesor Moriarty se despeña junto a éste por un precipicio que flanquea las cataratas Suizas de Reichenbach. En ese momento una avalancha de correspondencia de los ofendidos y airados lectores abruma al escritor, el asunto llega a su punto culminante cuando la propia madre de Conan Doyle le envía una misiva donde le reprendió severamente. “Te guardarás mucho- le escribió- de causar el menor daño a una persona tan simpática y agradable como el señor Holmes.”
Para complacer a su madre y a sus lectores en 1897 publica “El perro de los Baskerville” que refiere una aventura anterior a la desaparición del añorado detective. Pero no será hasta 1903 con su obra “La reaparición de Sherlock Holmes” donde nuestro detective reaparece milagrosamente después de una ausencia de diez años y en plena forma para resolver misterios y enigmas. La figura de Sherlock Holmes ha sido objeto de infinidad de estudios y sus aventuras han pasado del cine a la televisión en forma de series e incluso de dibujos animados.
Sherlock Holmes heredero del Dupin de Poe y del Lecoq de Gaboriau supera a estos en popularidad porque en él se resumen las dotes deductivas y lógicas de Dupin y las aptitudes prácticas de Lecoq. No olvidemos que Sherlock Holmes además de estar dotado de una gran inteligencia deductiva, es un maestro del disfraz, experto apicultor, excelente boxeador y tiene un gran conocimiento científico, en especial en química. Sherlock Holmes encarna la figura del detective independiente al que la policía acude cuando, por sus propios medios, no consigue la resolución del crimen.
La novedad con respecto a sus predecesores es la existencia de un personaje que le sirve de contrapunto (figura que se atisbaba tímidamente en el amigo que acompaña al Dupin de Poe), en palabras de Sherlock Holmes “el bueno y querido Watson” que se convierte en su biógrafo. El recurso del amigo-biógrafo le permite a Conan Doyle presentar las aventuras de Sherlock Holmes desde el punto de vista del espectador en la escena del crimen, es decir a través de los ojos de Watson percibimos como lectores la escena del crimen y nos adentramos en los procesos lógicos de la investigación criminal. Eso provoca que la figura del narrador-omnipresente quede un tanto difuminada, pues de la mano del Dr. Watson nos adentramos en la historia y participamos en la resolución del problema, planteando como lectores nuestras propias hipótesis de resolución del crimen y comprobando, en la mayoría de los casos, que las mismas no se corresponden con las elegidas por Holmes, quien al final siempre nos sorprende con la resolución del caso. Sin embargo lo importante no es solucionar el enigma sino el aspecto lúdico de la lectura, es decir lo que tiene de divertido.
Lo importante no es alcanzar la verdad sino recorrer el camino que lleva a la misma y en ese camino “jugando” aprendemos sobre las propiedades del arsénico, lo que es la tinta invisible, lo que son los mensajes cifrados en un texto, qué es la hipnosis y otras muchas cosas que interesaban al lector decimonónico y que, después de tantos años, siguen interesando al lector actual.”

Navas Ruiz, Mario. – Génesis y desarrollo de la novela policíaca como género literario (i)* En Docta Ignorancia Digital: Revista de pensamiento y análisis, ISSN 1989-9416, Nº. 1, 2010 , págs. 37-41

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