¿Qué nos dice la propaganda yihadista sobre las revueltas del Norte de África? (ARI)

Tema: Este ARI estudia la visión de los grupos yihadistas sobre la crisis política en el Norte de África y cuáles son las fortalezas y debilidades que se pueden deducir a partir de la acción propagandística de estas organizaciones.

Resumen: El comportamiento de los grupos yihadistas ante las revueltas en el Norte de África, especialmente el contenido y la forma de distribución de sus comunicados propagandísticos, nos aportan una valiosa información sobre estas organizaciones y redes terroristas. Al-Qaeda ha demostrado que se encuentra en una situación de creciente aislamiento debido a su incapacidad para difundir los mensajes de sus líderes en un plazo de tiempo razonable. Esto ha provocado un cierta desorientación entre su base de apoyo de Internet. La respuesta del resto de organizaciones yihadistas a esta crisis no sólo no ha sido monolítica, sino que ha evidenciado una considerable disparidad de agendas y estrategias. El origen y desarrollo escasamente violento de estos acontecimientos puede debilitar la argumentación del discurso yihadista, aunque el vacío de poder crea unas condiciones idóneas para que los grupos terroristas recobren impulso y ganen protagonismo.

Análisis: El convulso y rápido cambio político que está teniendo lugar en algunos países del Norte de África puede ser también analizado desde la perspectiva de su impacto sobre la agenda y la estrategia de las organizaciones terroristas de inspiración yihadista. Las predicciones que se han realizado hasta el momento se mueven entre el optimismo que lleva a algunos analistas a pensar que estas revueltas pueden suponer el inicio del fin de al-Qaeda, ya que desacreditan gravemente su discurso, y aquellos otros, más pesimistas, que intuyen que a pesar de los hipotéticos beneficios en el largo plazo, se abre un período de incertidumbre que puede beneficiar la actividad operativa de estas organizaciones. En cualquier caso, es un ejercicio de prospectiva muy difícil teniendo en cuanta la enorme cantidad de variables y actores que pueden decantar la evolución de estos países en uno u otro sentido.

Si bien es cierto que estos grupos han tenido una intervención marginal en la génesis y el desarrollo de las revueltas, esto no supone ningún obstáculo para que puedan jugar un papel protagonista en la evolución futura de estos países. El primer movimiento iniciado por estos grupos ha sido el de tratar de racionalizar y reinterpretar públicamente lo que está sucediendo en las calles de Túnez, Egipto, Libia y Yemen, para que no entre en contradicción con su discurso. Buena parte de estos grupos han difundido comunicados propagandísticos donde analizan los hechos, se posicionan e instigan a estas sociedades para que adopten un comportamiento más agresivo. El contenido de estos documentos, y la forma como han sido distribuidos, aumenta nuestro conocimiento sobre el estado actual de las organizaciones y redes yihadistas y cuáles pueden ser sus estrategias para sacar partido a la situación de efervescencia política en la que se encuentra sumida la región.

La creciente irrelevancia de “al-Qaeda organización”
La organización liderada por Osama Bin Laden (muy a su pesar) ha sido la gran ausente en todo este proceso de cambio político. Esta irrelevancia no sólo se explica por la falta de una estructura operativa propia en los países donde han tenido lugar las revueltas, sino que sobre todo es fruto de las crecientes dificultades que al-Qaeda encuentra para estar presente en el escenario mediático. Para sorpresa de algunos, los principales episodios de estos acontecimientos tuvieron lugar sin que de manera paralela los líderes del grupo hiciesen pública ninguna declaración. A pesar de que algunos de estos países, como el propio Egipto,[1] han ocupado un papel central en el en el discurso de al-Qaeda, la organización terrorista no ha podido participar activamente en el debate público sobre la naturaleza del cambio en este país.

Las revueltas populares en Túnez, incluyendo la salida forzosa de su presidente, tuvieron lugar sin que “al-Qaeda organización” difundiese ningún mensaje sobre el asunto. El único comunicado “alqaediano” durante este período tuvo lugar el 21 de enero. Sin embargo, nada tenía nada que ver con este país. Un cada vez más ausente Osama Bin Laden protagonizaba un breve mensaje en audio distribuido por Al Jazeera. En esta cinta respondía tardíamente a un mensaje previo que al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) había divulgado hacía más de dos meses. El líder de la organización terrorista argelina había anunciado públicamente que las negociaciones sobre la liberación de los ciudadanos franceses secuestrados por su grupo en Níger en septiembre de 2010 debían ser llevadas a cabo directamente con el propio Osama Bin Laden.

El primer mensaje de al-Qaeda sobre estos acontecimientos tuvo como tema casi exclusivo a Egipto. Se trataba de una grabación en audio de Ayman al-Zawahiri, la cual había sido montada en un video con una fotografía fija del terrorista egipcio. Para al-Qaeda el formato de mensajes en audio es la opción más rápida, puesto que no exige preparar las intervenciones en cámara para que sus oradores queden “naturales”: los líderes de al-Qaeda, como buenos comunicadores, nunca leen su discurso ante la cámara. El audio también permite ahorrar tiempo, puesto que no hace necesario preparar infografías y el decorado necesario para una declaración en video. A esto debe añadirse la variable de la seguridad, ya que a diferencia de las imágenes el sonido revela muy poca información sobre la posible ubicación del orador y sobre su estado de salud. Sin embargo, el audio tiene una importantísimo limitación: ante una audiencia fuertemente imbuida en la cultura de la imagen, especialmente entre los usuarios de Internet, resulta menos atractiva y por tanto menos persuasiva que los mensajes en video.

A pesar de optar por la opción más rápida, el mensaje de al-Zawahiri llegó a Internet el 18 de febrero, 24 días después de que se produjesen las primeras manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo y siete días después de que el presidente Hosni Mubarak anunciase que cedía el poder al ejército.

Algunos comentaristas creyeron que esta tardanza tenía su origen en el desinterés del grupo hacia unos acontecimientos en los cuales no había participado; sin embargo, el lapso de tiempo confirma algunas de las sospechas que desde hace tiempo se vienen manteniendo sobre el grado de aislamiento al que se encuentra sometido Osama Bin Laden y su círculo más cercano. La acción de los aviones no tripulados que sobrevuelan y bombardean incesantemente las redes yihadistas presentes en la frontera afgano-paquistaní habría puesto al grupo en una complicada situación.[2]La mejora de la inteligencia sobre el terreno que alimenta la acción de los drones, junto con unas reglas más permisivas para la autorización de estos ataques, habrían incrementado la presión y la percepción de peligro entre miembros del grupo. Como consecuencia de ello, los integrantes de esta organización no sólo dedican cada vez más tiempo a la autoprotección, sino que adoptan medidas de seguridad extraordinarias sobre aquellas acciones que pueden comprometer su seguridad. Una de las actividades más afectadas por esta mayor presión ha sido la principal seña de identidad de al-Qaeda tras los atentados del 11 de septiembre: su acción propagandística. Los líderes de al-Qaeda son conscientes de que cada mensaje es una nueva oportunidad para que las agencias contraterroristas desvelen e infiltren la red de distribución que conecta los líderes del grupo con las páginas webs y medios de comunicación que difunden sus comunicados. Por tanto, cuanto más hablan los líderes del grupo, más expuestos se encuentran a cometer un error que conduzca a la captura o muerte de sus miembros clave. La consecuencia ha sido que en los últimos tiempos los líderes de al-Qaeda no sólo comunican menos, sino que cuando lo hacen se produce un retraso cada vez mayor entre la elaboración del mensaje y su llegada a la opinión pública a través de una intrincada red de correos humanos. El efecto inevitable es que el grupo empieza a estar ausente en los debates públicos sobre cuestiones vitales para su futuro.

El vacío dejado por la organización de Bin Laden ha sido aprovechado por otros actores. Así, por ejemplo, algunos medios de comunicación  interpretaron que el primer mensaje de al-Qaeda sobre la crisis egipcia se había producido de manera un tanto inusual el 3 de febrero a través de una de las organizaciones que al-Qaeda había “absorbido” en 2001. Una web islamista londinense[3]publicaba un mensaje escrito del grupo Jihad Islámica Egipcia donde proclamaba su “solidaridad” con los levantamientos en Egipto. Sin embargo, los responsables del comunicado, lejos de ser los integrantes del grupo que se adhirieron formalmente a al-Qaeda, pertenecían a aquella otra facción que rechazó la “absorción” impuesta por su líder Ayman al-Zawahiri. De hecho, este mensaje puede ser interpretado como un intento de este grupúsculo crítico con la visión globalista de al-Qaeda, para preparar la participación en la nueva etapa que se abría en Egipto tras la dura represión estatal contra las organizaciones islamistas.

Otras organizaciones yihadistas[4] han tratado de rentabilizar este vacío vinculando las revueltas en el Norte de África con sus agendas locales. Así por ejemplo, el Estado Islámico de Irak (llamado anteriormente al-Qaeda en la Tierra de los Dos Ríos), en clara alusión a su lucha contra el gobierno electo de Irak, recomendaba a los egipcios que “tuviesen cuidado con los trucos de las ideologías anti-islámicas, tales como el sucio secularismo, la democracia de los infieles y la putrefacta idolatría del patriotismo y el nacionalismo”.[5] Una oscura organización palestina llamada Maasadat Al Mujahideen demandaba a los egipcios que no volviesen a sus casas hasta que no rompiesen el bloqueo de la frontera con Gaza.[6] Los Talibán, por su parte, han denunciado[7] la hipocresía de una política estadounidense que en Egipto “instaba a una transición pacífica pero que en respuesta a las mismas demandas populares en Afganistán, bombardeaban las aldeas”, e incluso el grupo yihadista marroquí Salafiya Jihadiya equiparaba el nivel de opresión y torturas de los regímenes tunecino y egipcio con el que el Reino de Marruecos practica contra sus miembros en prisión.[8]

La voz de al-Qaeda no sólo empieza a llegar tarde, sino que su mensaje necesariamente debe ser más vago y generalista, resultando, por tanto, menos persuasivo. Debido a que los comunicados del grupo deben ser elaborados varias semanas antes de que sean conocidos por su audiencia, sus contenidos no pueden hacer excesivas referencias a unos acontecimientos que se ven modificados a un ritmo vertiginoso. Así, por ejemplo, el primer comunicado de Ayman al-Zawahiri sobre Egipto no sólo no podía incluir ninguna mención a la salida de Mubarak (la cual no se había producido cuando se elaboró la grabación) sino que su contenido era una larga divagación sobre temas “estáticos” como la perniciosa influencia del período colonial en Egipto y el carácter anti-islámico de la constitución egipcia.[9]

Hasta el momento, al-Qaeda ha divulgado a través de los foros yihadistas de Internet  nueve comunicados sobre los sucesos en el Norte de África. Uno de ellos es un largo texto escrito por Atiyyat Allah al-Libi,[10] un ideólogo sobre el cual existían rumores sobre su muerte en un bombardeo en Pakistán. Dicho texto fue divulgado a través de Al Fajr Center, una plataforma virtual que se encarga de distribuir la propaganda de diferentes grupos yihadistas. Esto resulta bastante significativo, ya que al-Qaeda no suele recurrir a este “compañía mediática” para divulgar sus mensajes, sino que generalmente lo hace a través de Al Sahab Media, el propio brazo propagandístico del grupo. Esta dualidad sugiere una considerable desconexión entre los diferentes miembros de al-Qaeda, los cuales deben recurrir a diferentes redes logísticas para poder difundir sus mensajes.

Los siguientes cuatro comunicados, protagonizados por el doctor al-Zawahiri, en realidad, proceden de una misma grabación en audio, la cual fue diseñada para ser distribuida en “capítulos” a lo largo de diferentes días. Se pretende así que la voz de al-Qaeda sea oída a medida que avanzan los acontecimientos en el Norte de África. Esta estrategia confirma el grado de aislamiento en el que se encuentra el liderazgo de al-Qaeda, que es incapaz de hacer llegar de manera inmediata sus mensajes sin comprometer su seguridad. El grupo sólo puede optar por enviar a destiempo a los administradores de los foros en Internet un “paquete” de comunicados, para que estos se encarguen de dosificar su distribución y generar la ilusión de que los líderes de al-Qaeda están presentes en el debate público.

Desde el punto de vista de su conexión con la actualidad, el resto de “capítulos” del mensaje de al-Zawahiri ha sido tan decepcionantes como su primera entrega. El segundo episodio contiene más reflexiones históricas sobre la influencia secularizadora de la injerencia extranjera en Egipto. Igualmente, trata de exculpar a los muyahidín de su responsabilidad en atentados especialmente impopulares como los que se han producido en los últimos tiempos contra otros musulmanes en mercados, mezquitas y otros lugares públicos. En esta línea, negaba la responsabilidad de los muyahidín en los ataques contra los cristianos coptos en Egipto, culpando a estos últimos de tensar la situación al haber provocado a los musulmanes: “El primero de los responsables de establecer esta situación incendiaria es el liderazgo de la Iglesia Ortodoxa Copta… no han dejado de tratar de difundir la creencia de que los musulmanes han ocupado Egipto y que por tanto deben ser expulsados de ahí al igual que fueron expulsados de al-Ándalus”.[11]

El tercer capítulo acusa a los regímenes políticos hostigados por las revueltas de “ser una parte del orden internacional que lucha contra el islam y los musulmanes”. Según esto, gobiernos como los de Egipto, Túnez, Jordania y Yemen no sólo son corruptos sino que también son “corruptores, los cuales oprimen a nuestra comunidad [musulmana] y luchan contra sus doctrinas y el hiyab de sus hijas… fomentando el adulterio y la desviación social y moral”.

La última entrega de este larguísimo mensaje del terrorista egipcio promete que los muyahidín seguirán atacando a América y sus aliados hasta que estos se alejen de los asuntos de los países islámicos y dejen de apoyar a los tiranos que gobiernan en contradicción con la ley islámica. Su mensaje también desliza una acusación contra el ejército egipcio, al que acusa de ser el “garante de los acuerdos de rendición con Israel, los acuerdos militares con EEUU… y la continuidad de las sanciones contra Gaza”.

El primer pronunciamiento de al-Qaeda sobre los enfrentamientos en Libia se ha producido también casi un mes después de que iniciasen las primeras manifestaciones contra el coronel Gadafi en las calles de Bengasi. Para este comunicado,[12] por razones de vinculación e influencia, al-Qaeda ha utilizado a Abu Yahya al-Libi, uno de los miembros del Grupo Islámico Combatiente Libio que lideró la adhesión de un sector de su organización a las filas de Osama Bin Laden. Según este líder de de al-Qaeda: “La única solución para nuestro país es la yihad… estas revoluciones han demostrado que los gobiernos occidentales sólo se preocupan de sus propios intereses”. Abu Yahya recurriría también a la plataforma mediática Al Fajr Center para distribuir días después un libreto sobre la inminente victoria islamista en Libia.[13]

El libio Atiyyat Allah también ha adquirido protagonismo como portavoz de al-Qaeda sobre los asuntos relativos a su país. A través de un video y una grabación en audio ha recordado a los futuros terroristas suicidas en Libia la necesidad de asegurar que “el objetivo es legítimo”,[14] y en tono triunfalista ha dado por hecho la caída del excéntrico dictador afirmando que “la etapa post-Gadafi es ciertamente la etapa del islam”.[15]

La persistente agenda local de AQMI
Muy diferente ha sido la intervención de AQMI. Este grupo terrorista ha podido estar presente en el debate público desde el inicio de los acontecimientos. Sus miembros, y por extensión su aparato propagandístico, se mueven con mayor libertad, lo que ha permitido que esta organización mayoritariamente argelina pudiese convertirse en portavoz de la respuesta yihadista ante las crisis políticas originadas en el mundo musulmán.

Su líder, Abu Musab al-Wadud, difundió el 13 de enero, coincidiendo con los inicios de la revuelta tunecina, un mensaje[16] donde defendía que “la lucha de hoy no están aislada de la batalla general llevada a cabo por toda la umma contra los enemigos locales y extranjeros”. Este mensaje resultaba más preocupante que los que posteriormente protagonizaría al-Qaeda porque no se ceñía únicamente a la interpretación doctrinal de los acontecimientos, sino que incluía pasajes que permiten deducir el inicio de algún tipo de actividad operativa para rentabilizar la situación de inestabilidad en Túnez. Así, por ejemplo, el líder terrorismo instaba “a nuestro pueblo en Túnez… a que envíe a sus hijos para que sean entrenados en el uso de las armas y adquieran la experiencia militar necesaria para llevar a cabo esta batalla crucial contra los judíos, los cruzados y sus agentes”. El grupo terrorista trataba así de potenciar sus capacidades de reclutamiento entre la población tunecina, presentándose como el destino lógico de aquellos que necesitan adquirir la destreza necesaria para combatir militarmente a las dictaduras que gobiernan el mundo islámico.

Sin embargo, en las intervenciones públicas de AQMI sobre estos acontecimientos puede encontrarse una nueva constatación de cómo, a pesar de su retórica pan-magrebí, esta organización mantiene como principal prioridad el régimen argelino y aquellos otros enclaves donde el grupo conserva algún tipo de infraestructura propia.[17] En este mismo mensaje se intenta vincular los acontecimientos de Túnez con la situación argelina. El líder del grupo no sólo afirmaba que las revueltas en este país “ocurren de manera simultánea” con unos supuestos levantamientos de masas en Argelia, sino que ese mismo día difundía un mensaje adicional,[18]en esta ocasión dirigido exclusivamente a incitar a la población argelina “a que elevase el nivel de las protestas” contra el régimen del presidente Abdelaziz Buteflika. En este nuevo comunicado, Abu Musab al-Wadoud trataba de rentabilizar la indignación popular provocada por las informaciones sobre el suntuoso nivel de vida del presidente Ben Alí y su familia, acusando a los políticos y generales argelinos de gastar el dinero del pueblo “en corruptelas y extravagancias en los hoteles europeos”.

La capacidad del aparato propagandístico de AQMI de operar en el momento deseado quedó de manifiesto cuando al poco tiempo el grupo divulgó un nuevo mensaje[19] a propósito del exilio forzoso del presidente tunecino. El grupo terrorista alertaba a la población de este país de que lo logrado hasta el momento era una “victoria parcial” y que “lo conseguido estaba expuesto al robo y la manipulación”. AQIM volvía a cargar contra sus dos grandes “enemigos lejanos” –Francia y EEUU–, a los que acusaba de no permitir ningún cambio real en el país que sirviese solamente a los intereses de Túnez.

El grupo demostró nuevamente en su siguiente mensaje cual es el ámbito de sus intereses. No ha dedicado ningún mensaje monográfico a la situación en Egipto, pero sí lo hecho con respecto a Libia. Sobre la subversión contra Gadafi, la organización terrorista ha sido menos comedida en el uso de las palabras y ha demostrado un mayor nivel de identificación con la naturaleza de las revueltas al declarar “nuestro apoyo y respaldo a la revolución libia y a sus legítimas demandas… vuestra batalla es la batalla de cualquier musulmán que ama a Alá y a su profeta”.[20]

A diferencia de Bin Laden, el líder de AQIM ha podido operar con relativa seguridad, lo que le ha permitido abordar también el conflicto libio, haciendo un llamamiento a la población para que desconfíe de la intervención de EEUU y sus aliados europeos. En ese mismo mensaje no perdía la oportunidad para atacar al gobierno argelino, al que acusaba de utilizar sus aviones para transportar  mercenarios contratados por Gadafi.[21]

La comunidad yihadista en Internet: orfandad y desorientación
La limitada interpretación de al-Qaeda sobre unos acontecimientos trascendentales para el movimiento yihadista ha llegado demasiado tarde. Esto ha supuesto un importante contratiempo para los partidarios en Internet del terrorismo global. Los foros radicales, como cualquier otra comunidad de base virtual, muestran un enorme dinamismo y sus miembros están habituados a un flujo continuo e inmediato de la información. Desde los inicios de las revueltas en Túnez, los participantes de estas páginas empezaron a especular sobre cómo podría imprimirse una deriva islamista a los acontecimientos. A medida que las revueltas empezaron a ganar dimensión y la posibilidad de un cambio de régimen cobró consistencia, se hizo evidente en estas páginas que una voz autorizada, como la del propio Bin Laden, debía fijar las líneas maestras sobre cómo debía aprovecharse esta ventana de oportunidad. Sin embargo, ese mensaje no sólo tardó en llegar, sino que sus contenidos eran escasamente operativos.

La consecuencia fue un cierto sentimiento de orfandad. Los ciber-yihadistas comprobaron que los líderes carismáticos de la yihad global estaban ausentes en un episodio histórico. Para paliar este abandono algunos usuarios decidieron recurrir a los “textos clásicos” de la propaganda yihadista para tratar de escudriñar cuáles podrían ser las orientaciones de sus referentes ideológicos en un momento tan decisivo. Así, por ejemplo, el foro Ansar al Mujahidin English distribuía la traducción en inglés del capítulo titulado “Hermanos en la senda de la yihad en Egipto” procedente de una de las principales obras sobre la estrategia yihadista: Caballeros bajo el Estandarte del Profeta, publicado por Ayman al-Zawahiri en 2001.

La consecuencia inevitable ha sido la desorientación sobre cómo debe responderse ante este desafío. La única alternativa de esta comunidad ha sido una “tormenta de ideas”[22] con conclusiones un tanto sorprendentes. Así, por ejemplo, un miembro de estos foros animaba a sus compañeros a contactar con sus amigos en Túnez a través de Facebook para concienciarlos sobre la importancia de implantar la Sharia una vez que hubiese caído el régimen. Algunos usuarios defendían la necesidad de establecer un Califato en Túnez sin aclarar ni cuál sería su contenido ni cómo se podría alcanzar. Otros miembros mostraban su sorpresa porque musulmanes no yihadistas hubiesen podido tumbar el régimen de Ben Alí sin violencia. Un seguidor de estas páginas decidía realizar su particular contribución colgando en Internet un video educativo sobre el uso de armas de fuego para contribuir a la formación de los “hermanos” tunecinos en su lucha contra los “apóstatas”.

Conclusiones: Las revueltas del Norte de África han creado las condiciones necesarias para que el discurso radical quede debilitado, pero también han propiciado un contexto mucho más favorable para que las organizaciones yihadistas recobren impulso.

Hay razones para apostar por un declive de la amenaza terrorista. Uno de los principios fundamentales del discurso yihadista ha quedado seriamente cuestionado. La principal novedad desde el punto de vista doctrinal de al-Qaeda con respecto a otras organizaciones islamistas violentas fue la idea de que el “enemigo cercano” (los gobernantes “apostatas” al frente de los países de mayoría musulmana) sólo podrían ser tumbados si previamente se conseguía que el “enemigo lejano” (EEUU y sus aliados occidentales) dejase de apuntalar económica y militarmente estos regímenes. Esta era la conclusión a la que llegaron los ideólogos de la yihad global tras estudiar las causas del fracaso de los movimientos islamistas que habían tratado de alcanzar el poder utilizando las armas. Sin embargo, los acontecimientos en Túnez y Egipto han minimizado la importancia de la violencia como instrumento para derrocar a las tiranías políticas y todo ello sin necesidad de que Occidente modifique un ápice su política hacia estos regímenes.

El discurso yihadista no sólo ha perdido buena parte de su consistencia argumental sino que los principales encargados de divulgarlo y actualizarlo se encuentran en una situación cada vez más precaria. “Al-Qaeda organización”, ante la degradación de su capacidad operativa, pudo mantener su relevancia pública gracias a su aparato propagandístico. Sin embargo, los acontecimientos en buena parte del Magreb han demostrado que su capacidad de instigar la violencia terrorista es cada vez más reducida. El grupo de Bin Laden empieza a quedarse descolgado de los debates sobre el futuro del mundo islámico y eso puede terminar convirtiendo a sus miembros en actores cada vez más secundarios. La consecuencia es que el mensaje radical sobre estos sucesos no sólo no ha sido monolítico sino que ha hecho aflorar la pluralidad de agendas y estrategias que existen dentro del heterogéneo movimiento yihadista global.

Sin embargo, lo sucedido también aporta elementos para la preocupación. La erosión de la autoridad estatal es siempre un terreno abonado para que las organizaciones terroristas puedan fortalecerse y ganar protagonismo. Los países que se han visto envueltos en estos convulsos procesos de cambio político han sido también especialmente tenaces en la persecución de las redes yihadistas en su territorio. Resulta inevitable que la incertidumbre política y social termine provocando en el corto plazo una relajación de la presión contraterrorista ejercida hacia estos grupos. Esto supone una oportunidad para que dichas organizaciones inicien su recomposición y traten de apoderarse de la iniciativa protagonizando nuevos atentados que les permitan retroalimentarse, logrando así convertirse en un actor decisivo en la evolución futura de estas sociedades.

Sin duda, el escenario más preocupante es Líbia.[23] Algunas informaciones[24] apuntan a que el interés de organizaciones como AQMI hacia este enclave no se mueve solamente en el nivel retórico sino que busca un objetivo muy concreto. Es muy plausible que AQMI esté llevando a cabo acciones para apoderarse de algunas de las armas que empiezan a circulan en las calles libias como consecuencia de la pérdida de control del Estado sobre algunos de los arsenales del ejército y su apoderamiento por parte de las milicias rebeldes y otros grupos de difícil adscripción. Otro tipo de misión que estarían desempeñando los miembros de AQMI desplazados a Libia es el de convencer a los milicianos para que crucen (junto a sus armas) la frontera argelina y emprendan desde allí la lucha guerrillera contra Gadafi. Es un escenario probable teniendo en cuenta el interés de cualquier grupo terrorista por sumar a sus arsenales determinados tipo de armas, como explosivo militar, rifles de precisión, armas anti-tanque y misiles anti-aéreos, instrumentos estos que pueden incrementar exponencialmente las capacidades operativas y letalidad de cualquier grupo terrorista.

Resulta más incierta la predicción sobre cuál puede ser el impacto de la situación de pérdida de liderazgo ideológico que han sufrido las comunidades yihadistas en Internet. Podría pensarse que estas redes terminarán perdiendo vigor a medida que sus líderes carismáticos dejen de “alimentarlas” a través de nuevos materiales propagandísticos que ofrezcan las orientaciones doctrinales y estratégicas que sus seguidores demandan. Sin embargo, el vacío dejado por Osama y su círculo más inmediato puede ser ocupado por nuevos guías dotados del suficiente carisma, como los llamados “jeques de internet”: predicadores radicales que a pesar de carecer de un currículo como combatientes han ganado prestigio a partir de su defensa incondicional a través de Internet de la violencia yihadista. La crisis en el Norte de África ha sido el detonante de una mayor presencia en los foros radicales de Internet de estas fatuas on line que dictaminaban desde un punto de vista religioso cómo deben actuar los muyahidín en este contexto de incertidumbre. Podría especularse, igualmente, con la idea de que la pérdida de impulso por parte de las organizaciones yihadistas “clásicas”, lejos de generar la desmovilización de la población radicalizada, puede ser interpretado por algunos de estos seguidores como una nueva invitación a que las “redes de base” ocupen el protagonismo en la lucha contra “cruzados, judíos y apóstatas”.

Manuel R. Torres Soriano
Profesor de Ciencia Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. dafri
    May 23, 2011 @ 21:01:39

    El autor también ha colaborado con Athena, la agencia de inteligencia española y sabemos que los “think tanks” al rededor del mundo favorecen no a los intereses públicos, sino a los privados, ni a los nacionales pero si a los transnacionales. En una de esas y hasta este hombre es masón. David…¿eres tú masón?

    Con profesores de política como él se explica que la credibilidad de los españoles en su sistema esté a punto de colapsar. La pregunta que cabe es ¿si sucederá esto primero o la consolidación del estado facista?

    Mire usted: que irrelevante que haya comentado “La limitada interpretación de al-Qaeda sobre unos acontecimientos trascendentales para el movimiento yihadista ha llegado demasiado tarde”… Al Qaeda no es referencia para los musulmanes, ni Al Qaeda ni ninguna otra supuesta organización terrorista, la referencia para los musulmanes es el Islam y si el Islam dice que hay que combatir a quienes nos combaten…pues los combatimos y ya. Para esto no hay necesidad de redes terroristas, organizaciones ni nada de eso. ¿Por qué razón es que los autores occidentales quieren hacerle creer a la gente que los musulmanes actúan según su pertenencia a ciertos grupos? Pareciera que tienen temor de que la gente vea que los musulmanes hacen lo que hacen no por seguir a unos líderes, sino más bien por seguir la ideología liberadora del Islam que perdura, permanece y subsiste incluso en la ausencia de jerarquías.

    En conclusión lo que el autor verdaderamente quiere decir es que los musulmanes como nación deben someterse a la voluntad de occidente, cederles sus recursos, renunciar a sus libertades, a su religión y simplemente aceptar con gusto y sin ninguna resistencia que España, Reino Unido, Israel, Estados Unidos, Alemania, Francia y Australia principalmente los gobiernen y roben a su antojo.

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