Consecuencias de la muerte de Osama Bin Laden

 2 de mayo de 2011

por Javier Jordán

La Administración Obama ha logrado su objetivo número uno en materia de antiterrorismo: acabar con el líder y fundador de Al Qaida.

Aunque todavía es pronto para extraer conclusiones definitivas sobre el significado de la muerte de Bin Laden, en este breve análisis apuntamos las principales consecuencias que entraña la desaparición del líder terrorista:

a) En primer lugar, la operación estadounidense ha asestado un golpe severo a la moral del movimiento yihadista. Aunque los radicales no luchan por una persona (y así lo están afirmando ahora mismo en sus foros en internet), Osama Bin Laden se había convertido en un icono, en una especie Robin Hood antiamericano. Desde los atentados del 11-S, cada día que seguía en libertad representaba una muestra de la incapacidad norteamericana para atraparle. Con la acción militar de Abottabad, ese capítulo queda cerrado.

En cualquier enfrentamiento la dimensión psicológica es tan importante como la material. A la gente le gusta apostar por el caballo ganador. El terrorismo yihadista ha ido perdiendo fuerza a escala mundial en los últimos años, y ha quedado al margen en las revueltas árabes. La muerte de Bin Laden es un paso más en ese proceso de decadencia.

b) Desde el punto de vista operativo la muerte de Bin Laden también afecta negativamente a la organización que lideraba.

‘Al Qaida central’ es una organización hermética, por ejemplo, no sabe quién es el número tres y ni siquiera si existe tal puesto en su organigrama. Es arriesgado especular sobre los efectos de la muerte del líder sobre su cohesión interna, pero no es descartable que la neutralización de Bin Laden suscite rivalidades en su sistema de mando y control

Ayman Al Zawahiri es el número dos de Al Qaida desde que en la primavera de 2001 la organización que él lideraba (una de las facciones de la Tanzim Al Yihad egipcia) se fusionó con la de Bin Laden, pasando a denominarse a partir de entonces Al Qaida Al Yihad. Sin embargo, Zawahiri no posee un carisma similar, y según el testimonio de miembros detenidos de Al Qaida, tampoco goza de igual apoyo entre el resto de cuadros de la organización. Por tanto, habrá que estar atentos a si es capaz de afianzar su liderazgo.

Por otra parte, la operación norteamericana ha dejado al descubierto un gravísimo agujero de seguridad dentro de la organización. Es muy probable que este hecho provoque una pausa operativa en Al Qaida central. Desde Pakistán Al Qaida ha seguido coordinando directamente nuevos complots terroristas en Europa (el último presuntamente desarticulado en Noruega en julio de 2010) y Estados Unidos (por ejemplo el de Najibullah Zazi contra el metro de Nueva York en septiembre de 2009). Ahora sus miembros de alto nivel tendrán que revisar los procedimientos de comunicación, cambiar de emplazamientos, extremar aún más las medidas de seguridad, etc. La campaña de ataques con drones en Pakistán, intensificada en los últimos años, ya estaba planteando problemas operativos a la organización. Los cuadros de Al Qaida saben perfectamente -y la muerte de Bin Laden refuerza aún más la idea- que un fallo de seguridad conlleva un destino fulminante.

c) Sin embargo, la muerte de Bin Laden va a tener un impacto operativo escaso o incluso nulo en el funcionamiento de otras organizaciones yihadistas, al menos en el corto-medio plazo (en el largo, ya decimos que el movimiento yihadista global apunta hacia el declive).

  

Anwar Al Awlaki

En agosto de 2010 la inteligencia norteamericana estimó que Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA) suponía una amenaza mayor para Estados Unidos que Al Qaida central. A día de hoy, esta valoración sigue vigente. Es más, la situación en Yemen y el carisma mediático de Anwar Al Awlaki, uno de sus miembros más destacados llevan a pensar que AQPA va a ver reforzado su protagonismo en el universo yihadista como consecuencia de la muerte de Bin Laden. Eso sí, a pesar de su carácter innovador, AQPA no cuenta con la capacidad de cometer un nuevo 11-S. Constituye una amenaza, pero no una amenaza estratégica similar a la que planteaba Al Qaida central hace una década.

Por otra parte, al margen de las organizaciones yihadistas formales y de las filiales de Al Qaida (como AQPA, Al Qaida en Irak –que tampoco pasa por sus mejores momentos-, o Al Qaida en el Magreb), en los últimos años han cobrado un creciente protagonismo las células independientes, compuestas por individuos no vinculados o con una relación muy débil a organizaciones mayores, e incluso los ‘lobos solitarios’: sujetos autoradicalizados que deciden atentar por cuenta propia, perfil al que se corresponde el autor del atentado en el aeropuerto de Frankfurt en marzo de este año.

En el corto y medio plazo, la actividad de las células independientes y de los ‘lobos solitarios’ apenas se va a ver deteriorada por la muerte de Bin Laden. Es más, lo que algunos radicales consideran como una muerte heroica por parte del líder de Al Qaida, puede incentivarles a cometer atentados terroristas de venganza en los próximos meses. A favor de ese escenario también podría jugar un papel relevante como instigador el ya mencionado Anwar Al Awlaki. Su juventud, carisma y familiaridad con la Web 2.0 explican la influencia que ha ejercido hasta ahora a través de internet sobre individuos deseosos de contribuir a la causa yihadista. Entre ellos destacan los casos del comandante médico Nidal Malik Hasan, que en noviembre de 2009 asesinó a trece personas e hirió a otras veintinueve con su arma reglamentaria en Fort Hood (Texas), y el de Roshonara Choudhry, una estudiante del King’s College of London, que en mayo de 2010 asestó dos puñaladas en el estómago a un miembro del Parlamento británico que años atrás había votado a favor de la guerra de Irak.

d) Por último, la muerte de Bin Laden va a tener consecuencias que van más allá del movimiento yihadista global. En concreto, es muy probable que afecte al futuro de la misión internacional en Afganistán. La Administración Obama tiene serias dudas sobre su capacidad para derrotar a los talibán. El despliegue militar de la OTAN entraña un coste elevado en recursos y vidas, y limita el margen de maniobra de Estados Unidos en escenarios de mayor interés estratégico. El presidente Obama ya anunció hace más de un año su intención de comenzar el repliegue paulatino de las tropas a mediados de 2011. La percepción de ‘misión cumplida’ que supone la muerte de Bin Laden jugará probablemente a favor de la puesta en marcha de dicha medida.

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