Una aproximación al Arte Islámico

El tauriq es expansión y crecimiento, el tastir es contracción y regreso. El tauriq habla de la creación, el tastir alude a los atributos del creador

Cultura – 11/04/2011 8:17 – Autor: Silvia Matamoros Galán – Fuente: Webislam

Los medios abstractos de expresión



En la historia del Islam la expansión creadora surge de dentro hacia fuera. Desde Yatrib el Profeta Muhammad, SAW, difunde el mensaje coránico. Medina, será el punto de partida de la expansión del Islam que crecerá como las ramas del árbol de la vida, proyectando las hojas

“Ésa expansión, eco del Yamal, la Belleza Divina, que anima a todo proceso creador, todo pensamiento y toda estética. Como aquella Columna Infinita que levantó Brancusi, el imam erguido como un alif humano, proyecta hacia fuera los melodiosos y armónicos sonidos de la Recitación. Cada inflexión de su garganta es una hoja o un fruto, signos para los dotados de vista y de oído, para los dotados de intelecto”.

La línea recta con carácter más abierto e infinito que la línea curva, ésta última acaba volviendo inevitablemente al punto de partida. La creación abocada a desaparecer, tiene principio y fin, desarrollo y muerte. La idea del universo como curva cerrada.

El mundo árabe como fruto expresivo y divino del proceso creador tiene el Corán, que es la palabra de Allah.

Muestra de la decoración de tauriq se encuentra en la ciudad palatina de Az Zahra, mandada construir por Abd al-Rahman III, el árbol siriaco de la vida, el que mejor expresa la concepción islámica de la creación.

La línea vertical, recta e infinita, es el alif, la primera articulación de la lengua. El alif nunca se une a las demás letras y a lude a la unidad y a la separación. De El han de surgir todas las letras como de esa línea primera y vertical surgirán las ramas, hojas y frutos de la existencia terrenal.

El alif primigenio se traza de arriba hacia abajo, el tauriq, tras el descenso del alif, un crecimiento de abajo hacia arriba, y de dentro hacia fuera. Una energía expansiva de la naturaleza, como una flor que se abre.

El ser humano que no puede conocer a Allah, pero puede acceder a Él a través de Sus atributos y cualidades contenidas en los signos, que hay en la creación “signos para los dotados de intelecto”.

La creación asciende desde el tronco terrenal y material, de igual modo, el intelecto a través de los signos contenidos en la creación. Forma y recuerdo del tauriq, metáfora visual de la creación, también como medio que tiene el ser humano para encontrar sentido en la creación. El intelecto ve no sólo los signos del mundo de las criaturas, sino también las cualidades y atributos del creador.

El tauriq como primera estructura vertical y recta, al igual que la primera letra el alifato el alif. También en sentido inverso, a partir de los signos contenidos en la creación, puede el ser humano acceder a la geometría profunda, que nos lleva de nuevo al principio.

El tauriq es expansión y crecimiento, el tastir es contracción y regreso. El tauriq habla de la creación, el tastir alude a los atributos del creador. El tauriq expresa las formas sensibles de la vida material, el tastir alude a la otra vida, intelectual y espiritual.

El tauriq alcanza su mayor apogeo en al-Andalus durante el esplendor político, cultural y material del califato.

Pintura, caligrafía y edificio forman un conjunto unificado armónicamente e integrado en el medio natural. En Madina Az Zahra jardín y edificio forman un orgánico conjunto en el que razón y sensibilidad viven hermanadas en un ser integrado.

ORIGEN DEL ALIFATO

Al-alif, letra madre y origen gráfico de la totalidad del alfabeto árabe. De su unidad surge la multiplicidad de las veintiocho letras, incluyéndose ella misma, en las cuatro posiciones: inicial, medial, final y la forma aislada o arquetípica. Ibn Masarra, cordobés habla del significado de las letras del alifato, interpreta la palabra hom (árbol siriaco), el significado profundo que componen la palabra. La ha representa la Verdad -al Haqq-. La min es el mundo físico –al-Mulk- y el lugar – maqam-. Como el árbol el ser humano tiene una parte animal terrestre que pertenece al Mulk, y otra elevada y celeste que pertenece al Haqq, el Aql o Intelecto superior. Partes que forman un todo organizado e integral.

En el enunciado del nombre de cada letra del alfabeto árabe, puede advertirse que cada una lleva la impronta del nombre de Al-alif en forma explícita o implícita.

Antes de la aparición del Islam, los pueblos que habitaban la península arábiga estaban dominados por el politeísmo y la idolatría. Fuentes históricas describen esa época como un período de franca decadencia cultural, al cual se sumaba el paulatino deterioro de las costumbres morales y espirituales.

Dicho deterioro se detiene con la llegada del Islam, y es así que, a partir de ese momento, comienza una ascensión moral, lo cual trae aparejada una definida consolidación cultural de la cual la caligrafía, también llamada arte mayor, es una muestra.

En concordancia con los nuevos preceptos de la unidad divina, y a los efectos de erradicar definitivamente la idolatría del pueblo árabe, el nuevo mensaje profético establece la prohibición de la adoración de cualquier tipo de representación figurativa, es por ese motivo que la caligrafía resuelve, la tensión existente entre representación y abstracción ofreciendo en los lugares santos un substituto de dicha decoración.

Lo expresado en el párrafo anterior no invalida la existencia de estatuas o la no representación gráfica de figuras, puesto que las mismas pueden ser apreciadas en los numerosos ejemplos que nos ofrecen aquellas realizadas por la maestría de pintores de diversos países islámicos, en especial Turquía y Persia. La sutileza de la propuesta espiritual se basa en la no asociación de ninguna figura o representación, con la divinidad, a efectos de que el hombre no traslade el prístino sentimiento hacia su Creador y lo reemplace por alguna figura o imagen de cualquier naturaleza y concluya por adorar o reverenciar a esa representación.

Al tener que expresar la palabra divina, la caligrafía comienza tempranamente a transformarse en un medio gráfico de incomparable plasticidad y belleza, al mismo tiempo que impacta el alma del creyente por la calidad del mensaje.

La expansión del Islam a otros pueblos no árabes posibilita también a éstos últimos el uso de la grafía arábiga, es así que vemos brillar en Persia y Turquía la maestría de grandes calígrafos que embellecen cada día más el trascendente y universal mensaje del sagrado Corán. Turquía descolló superlativamente en este aspecto, pues tuvo en la época de esplendor del Imperio Otomano, la escuela de maestros calígrafos más importante que se tenga memoria.

Puede no conocerse la escritura, pero las variadas formas y combinaciones que puede adoptar la misma, no dejan de asombrar por su equilibrio y sentido estético, dichas características trascienden el mensaje más allá de su significado literal, poniendo en resalto su armonía, belleza y sereno ordenamiento plástico.

El arte caligráfico árabe impacta al ser humano en tres puntos: la vista – dado la plasticidad del los grafismos –, el intelecto – si es que la persona conoce la escritura y entiende su mensaje –, y finalmente el ser Esencial – memoria de la divinidad y recuerdo del lugar de origen –, por el sentido interno del mensaje exhibido y sus implicancias no conscientes, que tal como un diapasón, resuena a frecuencia determinada. Si la persona que observa un trabajo caligráfico no ve nada más que la función estética, por el desconocimiento del idioma y las letras, el resultado interno es el mismo, porque todas las almas tiene un único lenguaje.

Estilos

La escritura tiene una letra madre que actúa como módulo en la formación y proporciones de las restantes letras. Dicha letra es la primera del alfabeto, su nombre es “al-alif”, la cual es representada por un trazo vertical () representando la misma el sonido de nuestra “a”, actuando en otros casos como soporte de otras letras.

Estudios realizados determinan que la escritura árabe existía antes del Islam. Sus dos formas primarias son: una ligera y cursiva la cual da origen al estilo “naskhi”, la otra angulosa, hierática, la cual será llamada más tarde “kúfica”. Los primeros árabes aprendieron la escritura cursiva del pueblo nabateo, en la región de Hourán en Siria. El estilo kúfico se origina en la escritura siríaca. Los árabes pre-islámicos llamaban a esta escritura “hiri”, según el nombre de su ciudad, Hira, en Mesopotamia. Muy pronto los musulmanes construyeron la ciudad de Kufa y a partir de ese momento la escritura se llamo “kufi”.

Vale la pena recordar que cuando se produjo la expansión del Islam, fue necesario utilizar un medio de comunicación a grandes distancias que fuera comprensible para todos, en ese punto comenzó a sistematizarse la grafía.

Los estilos caligráficos son numerosos, pero cabe destacar seis principales Thuluth, Naskhi, Muhaqqaq, Rayhani, Riqa, Tawqi.

Además las letras deben adaptarse a los diversos y siempre rígidos patrones arquitectónicos establecidos por quienes construyeron las mezquitas y edificios. Como analogía al ser humano, el cual debe de adaptarse, flexibilizando su accionar, a las rígidas condiciones que establece la inexorabilidad de su transcurso por la vida.

La actividad de la escritura en aquellos pueblos, que por diversas razones, adoptaron como propia los caracteres árabes, era una actividad sagrada, actividad que plasmaba armoniosamente las letras para transmitir el mensaje revelado. Los maestros calígrafos formulaban su invocación intencional de trabajo con el lenguaje del corazón y la respuesta les llegaba también al corazón con el lenguaje propio. Esos maestros eran expertos en la preparación de las fórmulas de sus tintas y del corte de sus cálamos, asi también en el conocimiento de los numerosos estilos caligráficos. Algunas fórmulas para el preparado de las tintas subsisten hasta la fecha, otras se han perdido. Entre esos maestros prevalecía la cooperación mutua, intercambiaban sus técnicas sin que por ese motivo ninguno de ellos perdiera su estilo. Subordinaban la humana apetencia de voracidad y prestigio personal, a la obtención de un logro mayor, es por eso que los trabajos se ejecutaban con un vuelo muy alto y una gran exquisitez. Se dejaba de lado la competencia porque ¿quién podía, puede y podrá competir con la obra del Creador?. Allí, en ese exacto punto se abre la puerta de la fe y se experimenta la intrascendencia humana.

La única competencia válida es con uno mismo.

Los trabajos eran alabanzas para y hacia el Único. Era y es imposible conocer la profundidad de los conocimientos de esos maestros, sólo nos es dado conocerlos a través de sus obras. Es axiomático que aquel que invierte su energía en lo intrascendente obtiene el rédito proporcional a su inversión. Estos grandes maestros invertían su energía en valores altísimos y proporcionalmente obtenían sus resultados. Su disposición al trabajo se basaba en un sencillo contacto con la vida y una gran fe en la tarea emprendida.

La escritura apenas había evolucionado y era poco usada antes de Muhammad, pero en un siglo se transformó en una forma majestuosa como vehículo para la transformación del Corán y de esta forma se convirtió en la herencia de todos los pueblos islámicos. Tanto para el calígrafo como para el lector tal factor da a este arte su carácter y su importancia y explica su función no sólo en los libros sino también como elemento dominante de la decoración arquitectónica y en casi todas las demás formas de arte: el metal, la cerámica, el vidrio, los tejidos del mundo islámico.

Al mismo tiempo que la cúfica se desarrolló otro tipo de escritura más legible y menos formalista y en el S. X el calígrafo Ibn Muqla formuló las reglas de proporción y medida para cada letra. Se crearon entonces seis estilos clásicos muy relacionados entre sí, entre ellos el maskhi, el thuluth y el muhaqqaq. La disciplina de estos cánones de proporción permite una nueva libertad de desarrollo sin pérdida de control. Ya no es importante la línea de sustentación en que se apoya la escritura cúfica, y a la que proporciona su estabilidad típica; las letras se pueden superponer y la pluma se mueve con una fluidez hasta entonces desconocida.

En distintas épocas y en distintos países se fueron creando otros estilos de los cuales los más importantes son el nasta’lig inventado a finales del S. XIV y utilizado en Irán, Turquía y la India. Tenía una nueva cualidad lírica: delicados trazos de movimientos lineales reemplazaron a la firmeza sinuosa de la escritura thuluth. Se utilizan de manera característica para transcribir textos poéticos más que para el Corán.

En la decoración arquitectónica y en sus aplicaciones a diferentes materiales el máximo logro de la caligrafía cursiva es la creación de complejos diseños dentro de una zona determinada del edificio. Se inventaron nuevos estilos de escritura cúfica: formas macizas con una firme línea de base, formas completamente geométricas para inscripciones construidas con ladrillos o formas en las que la vertical se retuerce de forma complicada. La variedad y la importancia de la caligrafía es inmensa en el Islam.”

La caligrafía árabe existe en todos los tamaños y sobre todos los materiales de expresión artística, pero las obras más importantes son las que desde el siglo VIII fueron escritas sobre papel con una sencilla pluma. El calígrafo estaba sentado en el suelo, apoyaba la hoja sobre una rodilla y escribía con trazados fijos y seguros, que presuponían un total control psicoló¬gico y espiritual sobre la pluma. Era necesaria una práctica de varios años para e1 dominio de este arte, y las obras maestras de la caligrafía que se creaban provocaron admiración en todas partes; fueron coleccionadas, guardadas, altamente apreciadas y se comerciaron con ellas a precios de coleccionistas.

Al principio, la propagación del Corán se encontraba en una clara escritura representa¬tiva. La escritura de alfabeto árabe utilizada en Meca y Medina, en la primera mitad del siglo VII es una escritura consonántica, como todas las escrituras semitas; tiene 28 fonemas y se escribe de derecha a izquierda, con lo que todas las letras pueden ser unidas desde la derecha; sin embargo, hay algunas que no pueden ser unidas hacia la izquierda, por lo que puede haber vacíos dentro de una palabra. Tres de los fonemas son semivocales, es decir, consonantes que al mismo tiempo sirven para la grafía de vocales largas, como por ejemplo la “w”, que es también una “u” larga. Las vocales cortas tenían que inferirse del contexto, pero pronto se mostró la necesidad de señalar estas vocales cortas mediante signos de ayuda. Lo mismo vale para el sistema de uno hasta tres puntos, con los se diferencian estas letras, cuya forma básica es igual, como por ejemplo la “s” y la “sh’; o la “b” y la “t”.

Todavía en el siglo VII, la escritura cúfica se perfiló como escritura coránica, una escritura angular de contornos extremadamente claros que también parece monumental en pequeños formatos y expresa en su impresionante simetría la conciencia individual, con la que el Islam propagó su escritura en su periodo clásico. La cúfica era, a pesar de que su nombre deriva de la ciudad de Kufa en Irak, una escritura que estaba extendida sobre todo el territorio del Islam, desde al- Andalus en el oeste, hasta más allá de Irán en el este; era una escritura universal para una civilización universal. En las escribanías, especialmente instaladas para ello, se escribieron ejemplares del Corán sobre pergamino en forma apaisada y se diseñaron inscripciones que se grababan en piedra y se aplicaban en edificios; también se tejían en telas como ornamentos o se bordaban.

Hasta entrado el siglo XII la escritura cúfica continuó siendo la escritura del Corán; sin embargo, con la propagación del Islam en paí¬ses en los que se hablaban otros idiomas distintos al árabe y para los que se adoptó la escritura árabe (los más importantes son el persa y el otomano-turco), habían surgido nuevas exigencias en la escritura y se habían hecho efectivos nuevos impulsos.

Leer articulo completo: http://www.webislam.com/?idt=19154

BIBLIOGRAFÍA

– Manual Módulo V, Interculturalidad en el Islam 2005/6. Una aproximación al arte islámico, Hashim Cabrera. – La Caligrafía Árabe, Carmen Morales Sauce. – Arte Caligráfico, Ricardo Panizza.

Introducción a la Historia Universal, Al-Muqaddimah, Ibn Jaldun, Estudio preliminar, revisión y apéndices de Elías Trabulse. Fondo de Cultura Económica, México 1987.

 

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