“Sustancias psicoactivas se venden como incienso o para jardinería.”

Drogas emergentes como el ‘spice’ y hongos alucinógenos se ofrecen en tiendas españolas – Sanidad ultima un estudio sobre sus efectos tras la alerta de la ONU

LAURA CONTRERAS – Madrid – 15/03/2011

“Esto es incienso aromático, pero te lo fumas y te produce el mismo efecto que un porro de marihuana”. Quien habla no es un camello callejero, sino el dependiente de una growshop, una tienda especializada en el mundo del cannabis situada en el centro de Madrid, que rehúsa dar su nombre. Es un fenómeno global del que ha alertado la ONU y que se mueve en los límites de la ley. El Ministerio de Sanidad presentará un estudio “antes de abril” sobre los efectos de estas drogas emergentes.

Las bolsas llevan nombres como Fly high (vuela alto) o Herbal XTC (éxtasis de hierbas), que casan mal con sus advertencias de que no están destinadas al consumo humano. Apoyados en vacíos legales, la venta de sustancias psicoactivas en comercios especializados –smartshops (desmartdrugs o drogas inteligentes) o growshops(de útiles para el cultivo de cannabis)- crece en todo Occidente, según ha denunciado la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), un organismo de la ONU, en su último informe anual. En particular, advierte de la difusión del llamado spice, supuestos inciensos que “imitan sintéticamente los efectos de la marihuana”. Este producto fue encontrado por este periódico en varias tiendas a un precio de 20 euros el gramo. Más caro que lo que cuesta la marihuana en el mercado callejero. Su importador y distribuidor, Green Zena, no contestó a los correos electrónicos de este diario. “Este producto está diseñado para ser usado como mezcla aromática”, concluye la etiqueta.

Hay otras muchas sustancias que, bajo otro disfraz, se venden en estas tiendas y, sobre todo, en Internet, donde la falta de fronteras legales dificulta su fiscalización. En 2010 se detectaron 170 páginas web relacionadas con la venta de drogas, 55 más que en 2009, según el Observatorio Europeo de Droga y Toxicodependencia. Pueden encontrarse fertilizantes, compuestos herbales, ambientadores e incluso semillas de setas.

“Son para el cultivo”, dice el vendedor de otra growshop madrileña, señalando un embutido de pequeñas porciones de setas. “Pero todo el mundo las compra para comérselas”, confiesa sonriente. Se llama sclerotia tampanensis e indica en la etiqueta: “En caso de consumo, puede alterar la conciencia y se pueden producir alucinaciones”. Pero las instrucciones dicen que “sirve como vivero para fines científicos”. La bolsa de 12 gramos cuesta 15 euros. Otro dependiente ofrece unas pastillas de hierbas que prometen recargar energías y solo están etiquetadas en holandés.

Que estos productos no estén prohibidos -o no exactamente- no implica que sean menos perjudiciales para la salud. Simplemente, sus efectos no han sido estudiados. “El mayor riesgo no es que sean drogas, sino que la gente está haciendo de conejillos de indias o ratas de laboratorio”, dice Fernando Caudevilla, médico de la Sociedad Española de Medicina de Familia, especializado en drogas.

El Observatorio Español sobre Drogas, dependiente de Sanidad, ultima un informe sobre los efectos que producen sustancias como cannabinoides sintéticos (spice), 2C-I (fenetilamina psicodélica), la piperazina (desinfectante de lombrices en aves), nexus (con efectos parecidos a la LSD), la 4-AcO-DMT (compuesto químico similar a los hongos) o la metilona (entre el éxtasis o MDMA y la cocaína). “Solo concienciamos a la gente cuando tenemos una base científica”, dice Nuria Espí, delegada del observatorio. Mientras tanto, la JIFE investiga 15 de estas sustancias que han proliferado en Europa. En Japón son más de 50 las que se examinan. Buena parte de estas sustancias procede del Sureste asiático.

“La difusión incontrolada de sustancias demuestra el fracaso absoluto de las políticas antidroga de la ONU”, opina Caudevilla. Este experto insiste en recordar que las nuevas sustancias sintéticas “son derivados de las que ya existían en los años cincuenta”, como la ketamina (anestésico). Entonces, según recuerda, se consumían en círculos sociales restringidos de personas que le daban un uso introspectivo (“psiconautas”).

Estas se crean modificando la estructura molecular de las sustancias controladas, de manera que den lugar a una nueva sustancia análoga que se mantenga al margen de la ilegalidad. “Es lo que ocurre con la flefedrona, un derivado de la mefedrona al que se le ha añadido una molécula de flúor”, explica. La Unión Europea fiscalizó la mefedrona (fertilizante), el pasado diciembre, por estar vinculada a más de 30 muertes.

La falta de interés por conocer la composición exhaustiva de la sustancia, unido en ocasiones a su bajo precio, explica que algunos como Sergio, de 30 años, experimenten sin reparo en este terreno. “Por 12 euros mi primo me trajo de Portugal hace siete meses fertilizante en polvo”, cuenta por teléfono. “Me hizo bastante efecto, similar a la MDMA (que puede costarte hasta 40 euros el gramo): euforia, te mantiene despierto para bailar toda la noche, desinhibición…”, recuerda este madrileño.

Este tipo de ventas no es el negocio principal de un sector, las tiendas cannábicas, que se dedican originariamente a la venta de útiles para el cultivo de esta planta. “Eso nos desprestigia. Tengo dos hijas y una hipoteca que pagar. ¿Crees que me voy a arriesgar?”, se queja por teléfono un vendedor de Sevilla que solicita el anonimato. Antonio, que regenta uno en Barcelona, se lo toma a risa: “¿Que si vendemos qué?”.

Energy Control orienta y advierte en su página web del uso de estas nuevas sustancias de síntesis o research chemical (fármacos de investigación). Este colectivo, que colabora con el Ministerio de Sanidad, analiza gratis las muestras de los consumidores que lo deseen. “De vez en cuando nos llegan algunas de este grupo todavía desconocido, pero no es tanto como el bombo que le dan”, dice Iván Fornís. La mayoría de sustancias que recibe este técnico son éxtasis, cocaína, speed (anfetamina) y LSD.

Santiago Cuéllar, del Colegio Oficial de Farmacéuticos, considera que “el problema de las drogas no es de eficiencia legal, sino de la propia sociedad que las demanda”. En cambio, Caudevilla considera que “los mensajes alarmistas son contraproducentes para la prevención, porque podrían desprestigiar los canales de información por parte de los consumidores”.

El debate tiene lugar en varios países, porque estas nuevas drogas circulan sin fronteras apoyadas en vacíos legales de todo tipo. La JIFE insta a los Gobiernos a que “adopten medidas de control para prevenir la fabricación, tráfico y abuso de estas sustancias”, según su presidente, Hamid Ghodse.

Leer más: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Sustancias/psicoactivas/venden/incienso/jardineria/elpepusoc/20110315elpepisoc_2/Tes

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