Jacques Stroumsa (1913-2010): “El violín de Auschwitz.”

La vanguardia, Domingo 5 diciembre 2010

Narró el horror nazi sin concesiones. Y pudo hacerlo en primera persona porque fue alguien que perdió en el campo de exterminio de Auschwitz a su esposa y a sus padres. Jacques Stroumsa, conocido con el sobrenombre de El violinista de Auschwitz,murió en Jerusalén a los noventa y siete años.

Hijo de un maestro y una modista y el mayor de cuatro hermanos, nació el día 4 de enero de 1913 en Salónica. Pronto mostró verdadero talento musical -el que heredarían luego sus hijos y nietos-y tras terminar la escuela secundaria se trasladó a Marsella y luego a París, donde continuó sus estudios de ingeniería. Fue en 1935 cuando regresó a Grecia para realizar el servicio militar y cuando entró a formar parte de la orquesta. Más tarde los nazis lo deportarían a Auschwitz -Birkenau II (Polonia).

Jacques Stroumsa realizó el viaje en los llamados trenes de la muerte, en un trayecto que duró doce días y en el interior del convoy número 16, junto a 2.500 personas más. A 815 les tatuaron un número en el brazo izquierdo y al resto les llevaron a las cámaras de gas. Ese horror lo trasladó Stroumsa a las páginas de sus dos libros: Escoger la vidaViolinist in Auschwitz: From Salonica to Jerusalem, 1913-1967.

“Así desaparecieron mi joven esposa, embarazada de ocho meses, mis queridos padres, los padres de mi esposa… Así perecieron millones de personas”, recordaba una vez liberado. No se cansaba de repetir sus vivencias a quien se lo pidiera, para escarnio de los responsables. Lo hacía con una voz casi inaudible y, a menudo, en ladino. Incluso poco tiempo antes de fallecer, pese a su sordera y sus achaques, Stroumsa acudió a varios actos para volver a ofrecer su testimonio.

Explicaba cómo consiguió salvarse gracias a la música. “Ellos, los criminales nazis, necesitaban músicos, sobre todo violinistas – decía-y fue una gran sorpresa para mí que la primera noche en Auschwitz uno de los oficiales preguntara si había entre nosotros alguien que tocara bien el violín”. Se levantó y empezó a formar parte de aquel siniestro grupo.

A partir de aquel día, y para el resto de su vida, consideró que tenía el deber moral de no olvidar nada de lo que estaba ocurriendo. “A mí la música me salvó mentalmente, moralmente, filosóficamente. Recuerdo que siempre oía las palabras del jefe de mi bloque, después de tocar el violín, que me decía en alemán, viéndome allí, con un frío inhumano: ‘Espero que no te mueras aquí'”.

Leer más: http://www.enmemoria.com/obituarios/jacques-stroumsa.html

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