Artículo: “Pakistán da apoyo encubierto a grupos terroristas.”

LUIS PRADOS / ANDREA RIZZI – Madrid – 01/12/2010

Islamabad aumenta su número de bombas atómicas – Temor por la seguridad del arsenal nuclear, al que tienen acceso más de 120.000 personas – EE UU reconoce su “frustración” por la falta de cooperación paquistaní en desarme nuclear

Los papeles secretos de la diplomacia norteamericana sobre Pakistán descubren un escenario escalofriante. Los documentos revelan los temores de Washington con todo lo relacionado con la seguridad de las instalaciones atómicas paquistaníes, donde trabajan más de 120.000 personas, su “frustración” por la creciente falta de cooperación de Islamabad en temas de no proliferación y su alarma por la utilización por parte de los militares y los servicios secretos paquistaníes de “los grupos terroristas como herramientas de la política exterior”. Para colmo, debido a la rivalidad histórica con India, Pakistán sigue incrementado su arsenal nuclear.

La embajadora de EE UU en Islamabad, Anne W. Patterson, resume esta inquietud en un informe destinado al enviado especial del presidente Obama para Afganistán y Pakistán, el diplomático Richard Holbrooke, fechado en febrero del año pasado. “Nuestra mayor preocupación”, escribe, “no es que un grupo islamista robe una bomba sino más bien la posibilidad de que alguien que trabaje en las instalaciones del Gobierno de Pakistán pudiera gradualmente sacar de forma clandestina suficiente material para fabricar una bomba”.

Meses más tarde, en junio, en otro informe ante la visita a Islamabad del entonces consejero de Seguridad Nacional, general James Jones, la diplomática enumera las causas de esa preocupación: “La proximidad de algunas instalaciones nucleares a territorio bajo ataque talibán, la rumoreada dispersión de los materiales nucleares de Pakistán y la vulnerabilidad del transporte de armas y materiales atómicos”.

Esos riesgos son expresados con mucha mayor crudeza por especialistas rusos en una reunión con sus homólogos estadounidenses celebrada en diciembre y recogidos en un informe de la Secretaría de Estado a finales de febrero de este año. El experto Yuri Korolev, del Ministerio de Exteriores ruso, afirma: “Hay entre 120.000 y 130.000 personas directamente implicadas en los programas nucleares o de misiles de Pakistán trabajando en sus instalaciones o protegiéndolas. Sin embargo, no hay manera de garantizar que todos ellos sean leales y fiables al 100%”.

Korolev añade que “Pakistán ha tenido que contratar personal con estrictas creencias religiosas para proteger las instalaciones nucleares” y dada “la caída de los niveles educativos y culturales” del país, “las organizaciones extremistas tienen más oportunidades para reclutar gente que trabaje en los programas nucleares o de misiles”. El experto ruso recuerda que “en los últimos años los extremistas han atacado los vehículos que trasladan a los trabajadores de esas instalaciones”. “Algunos fueron asesinados y varios fueron secuestrados y no se ha vuelto a saber de ellos”.

El jefe de la delegación rusa en esa reunión, Vladímir Nazarov, vicesecretario del Consejo de Seguridad, remacha el clavo recordando que en un reciente encuentro con los senadores norteamericanos Charles Hagel y Tom Harkin, estos aseguraron que “Pakistán representa la mayor amenaza para el mundo”. Por tanto, añade Nazarov, Rusia agradecería cualquier información adicional que EE UU pueda proporcionarles sobre el estado actual de la protección, almacenaje y transporte de armas atómicas y misiles de Pakistán.

La alarma norteamericana sube de grado con el apoyo paquistaní a los grupos terroristas, derivada de la fijación con la amenaza india por parte de los militares y los servicios secretos de Islamabad en lugar de con su frontera afgana donde actúan los talibanes, Al Qaeda y otros grupos extremistas.

Esta preocupación quedó reflejada en una reunión entre el vicepresidente norteamericano, Joe Biden, y el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, en Viña del Mar (Chile) en marzo de 2009. Los dos dirigentes coincidieron, según un cable secreto, en que la región es uno de los focos del terrorismo internacional. De acuerdo con el documento, dos tercios de las amenazas que las fuerzas de seguridad británicas investigan tienen raíces en Pakistán. Ambos líderes señalaron que el terrorismo en este país va más allá de las escuelas coránicas. “El compromiso de Zardari en combatir el terrorismo no es claro, aunque siempre diga las palabras correctas”, concluye el informe.

La embajadora Patterson escribe a finales de febrero de 2009 en un documento clasificado como secreto enviado a Washington con motivo de la visita a EE UU del jefe del Ejército paquistaní, el general Ashfaq Kayani: “Necesitamos dejar muy claro que el Ejército de Pakistán / ISI [Inter-Services Intelligence, los servicios secretos] deben acabar con el apoyo tácito o encubierto a los grupos terroristas que utilizan como herramientas de la política exterior”. La diplomática añade: “El principal mensaje que Kayani debe oír en Washington es que este apoyo debe terminar”.

Ese mensaje es repetido en otro despacho de la embajadora emitido días después, previo a la visita a EE UU del ministro de Exteriores paquistaní, Mehmood Qureshi. Señala que “el presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, y su primer ministro, Yusuf Raza Gilani, reconocen que la mayor amenaza de Pakistán ha pasado de India a los grupos de combatientes que se concentran en la frontera entre Afganistán y Pakistán (…). Sin embargo, el Ejército y el ISI no han dado este paso. Debemos presionar al Gobierno de Pakistán sobre la necesidad de dejar de usar a estos grupos como herramientas de la política exterior. Es contraproducente para los intereses de Pakistán y directamente entra en conflicto con los objetivos de EE UU en Afganistán y en la región, y además amenaza con un posible conflicto entre potencias nucleares”. Las acciones de esos grupos, como los atentados terroristas de noviembre de 2008 en Bombay, pusieron a India y Pakistán al borde de la guerra y probaron la nula capacidad disuasoria del plan militar secreto indio llamado Cold Start. Este plan, formulado a raíz del atentado terrorista con vínculos paquistaníes contra el Parlamento indio en 2001 y anunciado en 2004, está concebido para golpear a Pakistán en las primeras 72 horas de un ataque terrorista procedente del país vecino. Cold Start no arredró a los terroristas de Bombay y su valor, según un informe de la Embajada de EE UU en Nueva Delhi, “parece basarse más en su mera existencia que en su aplicación en el mundo real”.

El apoyo paquistaní hacia las organizaciones extremistas está motivado, según los análisis de los funcionarios estadounidenses recogidos en su correspondencia diplomática, no solo por la obsesión con la amenaza india sino también porque los responsables paquistaníes están convencidos de que “los talibanes prevalecerán a largo plazo en el cinturón pastún más próximo a la frontera con Pakistán” y de que “si no atacaran en Afganistán, buscarían objetivos paquistaníes”. La otra cara de la moneda, según los cables diplomáticos, son las ejecuciones extrajudiciales de los insurgentes llevados a cabo por el Ejército paquistaní.

Leer más: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Pakistan/da/apoyo/encubierto/grupos/terroristas/elpepiint/20101201elpepiint_1/Tes

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